"Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; Al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí." Job 19:25-27
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Monday, January 23, 2012
La edificación de familias
La familia es la unidad designada por Dios para pasar el camino de rectitud de una generación a la siguiente (Dt. 6:7, 20-25). Satanás, sin embargo, ataca todo aquello que Dios ha establecido para preservar la rectitud.
Satanás ataca las tres fuerzas preservadoras de la sociedad: El gobierno, la iglesia y la familia. Cada vez que Dios ha ordenado un gobierno para castigar a los que hacen el mal y apoyar a los que hacen el bien, Satanás lo asaltará. Siempre que hay una iglesia que exalta a Cristo y proclama la Palabra, Satanás la atacará. Y a él no le gustan las familias que pasan la rectitud divina, por eso procura desintegrarlas.
Satanás está usado la sociedad inmoral y lujuriosa en la que vivimos para atacar a la familia. Ha hecho que a la familia le resulte difícil sobrevivir. La iglesia tiene que ayudar a preservar a la familia. Esa es una de nuestras prioridades en la iglesia; enseñamos y discipulazos a los hijos y a los jóvenes. Es inspirador ver a los adultos de la iglesia trabajar con los jóvenes, porque los jóvenes tienen la responsabilidad de preservar lo que aprenden y pasarlo a la siguiente generación. Quiero que nuestros jóvenes conozcan los principios de Dios para el matrimonio y la familia.
Cuando los creyentes están llenos de Espíritu de Dios, se someten unos a otros (Ef. 5:21-6:9). En una situación familiar, eso quiere decir que las esposas se someterán a sus esposos, y los esposos se someterán a sus esposas mediante un amor que nutre, valora y purifica. Los hijos se someterán a sus padres y los padres se someterán a las necesidades de sus hijos, no provocándolos a la ira, sino cuidándolos y criándolos en los camino de Cristo. La sumisión brota de vidas llenas del Espíritu Santo. La iglesia tiene que asegurarse de que las familias vivan controladas por el Espíritu de Dios de forma que puedan experimentar la bendición que viene por la sumisión de unos a otros. Si cada uno en la familia pelea por sus propios derechos, entonces se destruye la posibilidad de una relación significativa.
Las familias de una iglesia se debieran apoyar unas a otras. Se debieran ayudar y orar unas a otras con sus hijos. ¿Cuál es su reacción cuando ve hijos rebeldes? ¿Ora por ellos? ¿Ayuda usted a otros padres enseñando a sus hijos un comportamiento correcto? Una iglesia debe cuidar de sus familias.
Extraído del libro, “El Plan del Señor Para La Iglesia” escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.
Friday, January 6, 2012
¿Cómo resolver conflictos en el matrimonio? (Por Helena Calderón)
Una
nueva experiencia, una nueva etapa en la vida se inicia cuando
decidimos unirnos a un ser querido para compartir de nuestra total
existencia en sueños, añoranzas y anhelos de felicidad con ese otro ser
que amamos. Este es el instante en que aflora la ilusión y se abre el
camino en el que todo parece “color de rosa”. Sin embargo, hay que tener
presente que son dos personas distintas que deberán acoplarse y
adaptarse mutuamente, para vivir en verdad el amor jurado como “eterno e
incondicional”.
Sabemos que esto no es nada fácil y que lo que han de aportar cada uno en la pareja será indispensable para el logro de sus objetivos. Hay que tener presente, que como ocurre en la mayoría de los matrimonios, no estamos exentos de conflictos, pero que frente a esta realidad, debemos resolver los problemas de una manera adecuada. Llegar a ser personas que reconozcamos las diferencias de la mejor manera, cuidando la integridad del otro/a y aceptando la existencia de factores que no se pueden cambiar.
Actuar con tolerancia, debe ser una de las primeras leyes a cumplir a la hora de resolver los problemas. Se debe tener claridad que lo que marca la diferencia en una relación, no es lo que se espera de la pareja, si no lo que uno/a mismo/a puede aportar. Sin duda alguna, este será el modo de lograr el crecimiento de ambos, lo que se reflejará en una mejor calidad de vida.
Al hablar de cómo solucionar conflictos, es importante mencionar que la comunicación es la base fundamental. No sólo vista como una adecuada disposición de hablar, escuchar, sino como el ejercicio permanente de compartir inquietudes, vivencias, objetivos, proyectos y en general el día a día.
Un matrimonio que anhela seguir amándose para toda la vida, que a pesar de los malos tiempos deciden estar juntos, deben partir por tener un corazón respetuoso desde donde broten palabras positivas, abundantes y amorosas.
Sabemos que esto no es nada fácil y que lo que han de aportar cada uno en la pareja será indispensable para el logro de sus objetivos. Hay que tener presente, que como ocurre en la mayoría de los matrimonios, no estamos exentos de conflictos, pero que frente a esta realidad, debemos resolver los problemas de una manera adecuada. Llegar a ser personas que reconozcamos las diferencias de la mejor manera, cuidando la integridad del otro/a y aceptando la existencia de factores que no se pueden cambiar.
Actuar con tolerancia, debe ser una de las primeras leyes a cumplir a la hora de resolver los problemas. Se debe tener claridad que lo que marca la diferencia en una relación, no es lo que se espera de la pareja, si no lo que uno/a mismo/a puede aportar. Sin duda alguna, este será el modo de lograr el crecimiento de ambos, lo que se reflejará en una mejor calidad de vida.
Al hablar de cómo solucionar conflictos, es importante mencionar que la comunicación es la base fundamental. No sólo vista como una adecuada disposición de hablar, escuchar, sino como el ejercicio permanente de compartir inquietudes, vivencias, objetivos, proyectos y en general el día a día.
Un matrimonio que anhela seguir amándose para toda la vida, que a pesar de los malos tiempos deciden estar juntos, deben partir por tener un corazón respetuoso desde donde broten palabras positivas, abundantes y amorosas.
Para esto les brindamos una lista de sugerencias acerca de cómo resolver conflictos sin herir a la persona amada:
1. Identificar y focalizar el problema
Identificar y focalizar el problema requiere de un gran ejercicio: el diálogo. Expresar lo que se siente de forma permanente va a permitir entrar en un proceso de madurez en el cual la pareja pueda detectar cual es el problema. Lo contrario a este ejercicio es la acumulación de situaciones difíciles que no permiten saber con claridad que es lo que está pasando. En ocasiones, es posible encontrarse luchando contra aspectos que se creen es el problema, pero que no son más que los síntomas.
2. Buscar el lugar adecuado y el momento oportuno
Dejemos que el primer estallido del enojo pase. Es probable que si se habla en ese momento, se digan cosas de las cuales luego haya que arrepentirse. El momento oportuno es aquel cuando lo peor del conflicto pasó. Será necesario encontrarse a solas, de preferencia fuera de casa y en un lugar agradable para ambos.
3. Aprender a estar en desacuerdo sin pelear
Una buena comunicación, hará posible que se cumplan los objetivos de construir la relación. Un conflicto no significa necesariamente una pelea o estar en desacuerdo con la pareja. Muchas veces esto indica que existen dos seres pensantes y deseosos de compartir sus ideas. Aquí el elemento principal será siempre el respeto. Si no se practicó antes, debemos comenzar de manera respetuosa y amable a exponer las opiniones sin necesidad de humillar, ridiculizar o criticar.
4. No buscar culpables, sino soluciones
Se debe atacar el problema, no el uno/a al otro/a. Por lo general un ataque mutuo puede afectar más la relación y ser preámbulo para otra mayor. Tampoco busquemos la manera de herir a nuestra pareja. El problema es real y debemos buscar una solución sin herir los sentimientos del otro o la otra, más aún cuando ya no tenemos argumentos para defender nuestra posición. Las soluciones han de ser propuestas concretas de nuevas conductas para ambos. Procuremos proponer la nuestra en primer lugar.
5. No pretender tener la razón
Siempre hemos de incluirnos como parte del problema, ya que en una pareja ambos comparten permanentemente las responsabilidades. Esto permitirá que si nosotros/as ya tenemos la solución, la expongamos en el momento oportuno como una de las posibles salidas, recordando que no ha de ser la única.
6. Elegir una posible solución
Luego de un largo proceso de comunicación, en los cuales se debe atravesar varias etapas hasta lograr una madurez, hay que buscar las soluciones que sean saludables en términos físico-emocionales para todo el entorno familiar. Se debe intentar siempre rescatar los elementos positivos existentes. El aprender a solucionar las diferencias se inicia siempre con un sentimiento de humildad.
1. Identificar y focalizar el problema
Identificar y focalizar el problema requiere de un gran ejercicio: el diálogo. Expresar lo que se siente de forma permanente va a permitir entrar en un proceso de madurez en el cual la pareja pueda detectar cual es el problema. Lo contrario a este ejercicio es la acumulación de situaciones difíciles que no permiten saber con claridad que es lo que está pasando. En ocasiones, es posible encontrarse luchando contra aspectos que se creen es el problema, pero que no son más que los síntomas.
2. Buscar el lugar adecuado y el momento oportuno
Dejemos que el primer estallido del enojo pase. Es probable que si se habla en ese momento, se digan cosas de las cuales luego haya que arrepentirse. El momento oportuno es aquel cuando lo peor del conflicto pasó. Será necesario encontrarse a solas, de preferencia fuera de casa y en un lugar agradable para ambos.
3. Aprender a estar en desacuerdo sin pelear
Una buena comunicación, hará posible que se cumplan los objetivos de construir la relación. Un conflicto no significa necesariamente una pelea o estar en desacuerdo con la pareja. Muchas veces esto indica que existen dos seres pensantes y deseosos de compartir sus ideas. Aquí el elemento principal será siempre el respeto. Si no se practicó antes, debemos comenzar de manera respetuosa y amable a exponer las opiniones sin necesidad de humillar, ridiculizar o criticar.
4. No buscar culpables, sino soluciones
Se debe atacar el problema, no el uno/a al otro/a. Por lo general un ataque mutuo puede afectar más la relación y ser preámbulo para otra mayor. Tampoco busquemos la manera de herir a nuestra pareja. El problema es real y debemos buscar una solución sin herir los sentimientos del otro o la otra, más aún cuando ya no tenemos argumentos para defender nuestra posición. Las soluciones han de ser propuestas concretas de nuevas conductas para ambos. Procuremos proponer la nuestra en primer lugar.
5. No pretender tener la razón
Siempre hemos de incluirnos como parte del problema, ya que en una pareja ambos comparten permanentemente las responsabilidades. Esto permitirá que si nosotros/as ya tenemos la solución, la expongamos en el momento oportuno como una de las posibles salidas, recordando que no ha de ser la única.
6. Elegir una posible solución
Luego de un largo proceso de comunicación, en los cuales se debe atravesar varias etapas hasta lograr una madurez, hay que buscar las soluciones que sean saludables en términos físico-emocionales para todo el entorno familiar. Se debe intentar siempre rescatar los elementos positivos existentes. El aprender a solucionar las diferencias se inicia siempre con un sentimiento de humildad.
Wednesday, January 4, 2012
Dios los creó hombre y mujer a Su imagen (Por John Piper)
Génesis 1:26–28
Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra.Quisiera reflexionar con ustedes acerca de tres enseñanzas de este texto. Una de ellas es que Dios creó al ser humano. La segunda, es que Dios nos creó a su imagen. La tercera, es que nos creó hombre y mujer.
Es posible creer estas tres verdades y no ser cristiano. Después de todo, se enseñan justamente aquí, en las Escrituras Judías. Por consiguiente, un judío que cree en las Escrituras aceptaría estas verdades. Pero aunque se puede creer estas verdades y no ser cristiano, todas apuntan al Cristianismo. Todas ruegan por la consumación que surge del trabajo de Cristo. Eso es de lo que quiero hablar, especialmente en relación con la tercera verdad –que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, como hombre y mujer.
1. Seres Humanos Fueron Creados por Dios
Tomemos la primera verdad: Que los seres humanos fueron creados por Dios. Creo que esto necesita clarificarse. ¿POR QUÉ nos creó? Cuando uno hace algo, tiene una razón para hacerlo. Pero, el mundo de hoy, ¿da una respuesta adecuada a esta pregunta? El Antiguo Testamento habla del hombre poniendo al mundo ante Su dominio. Habla de que ha sido creado para mostrar la gloria de Dios (Isaías 43:7) Habla de toda la tierra siendo llenada con el conocimiento de la gloria del Señor.
Pero, ¿qué vemos nosotros? Vemos un mundo en rebeldía contra el Creador. Vemos a las Escrituras Judías llegando a un final con la historia de la creación totalmente incompleta, y la esperanza de gloria está aún por llegar. Así que, solamente creer que Dios creó al ser humano de la forma que las Escrituras Judías nos enseñan que lo hizo, ruega porque se cuente el resto de la historia, es decir, el Cristianismo. Sólo en Cristo puede lograrse el propósito de la creación.
2. Dios Nos Creó a Su Imagen
O tomemos la segunda verdad, por ejemplo: Dios nos creó a su imagen. De seguro, esto debe tener algo que ver con el motivo por el que estamos aquí. Su propósito para crearnos debe tener que ver en forma maravillosa, con el hecho de que no somos ranas, lagartijas ni pájaros, ni tampoco monos. Somos seres humanos a imagen de Dios, sólo nosotros y ningún otro animal.
Pero cómo hemos estropeado esta increíble dignidad. ¿Somos como Dios? En realidad, si y no. Sí, somos como Dios, aún siendo pecadores e incrédulos, hay una semejanza. Lo sabemos porque en Génesis 9:6 Dios dijo a Noé: “El que derrame sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada, porque a imagen de Dios hizo El al hombre”. En otras palabras, aún en un mundo donde abunda el pecado (hasta el punto de asesinato), los seres humanos todavía son a imagen de Dios. No se los puede matar como a los ratones y mosquitos. Pierdes el derecho a la vida si asesinas a un ser humano. (Ver Santiago 3:9).
Pero ¿somos la imagen que Dios quiso que seamos? ¿No está esa imagen tan estropeada que a veces es casi imposible de reconocer? ¿Sientes que eres como Dios en la forma que deberías serlo? De modo que aquí nuevamente, la creencia de que fuimos creados a imagen de Dios ruega por ser completada – en este caso por una redención, una transformación, una forma de re-creación. Y eso es exactamente lo que conlleva el Cristianismo. “Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas... y os vistáis del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad” (Ef. 2:8-10; 4:24). Dios nos creó a Su imagen, pero nosotros lo hemos echado a perder completamente y Jesús es la respuesta. Él viene a través de la fe, perdona, limpia y comienza un proyecto de recuperación llamado santificación, que terminará en la gloria que Dios tenía preparada para el ser humano al principio. Por consiguiente, ya que sabemos que fuimos creados a imagen de Dios, nuestro pecado y corrupción ruegan por una respuesta. Y Jesús es la respuesta.
3. Dios Nos Creó Hombre y Mujer
La tercera verdad en estos versos es que Dios nos creó hombre y mujer. Y esto también apunta al Cristianismo y ruega por la consumación de Cristo. ¿Cómo? De dos maneras, por lo menos. Una proviene del misterio del matrimonio. La otra, de la histórica fealdad de las relaciones masculino-femeninas en pecado.
El Misterio del Matrimonio
Tomemos el misterio del matrimonio. En Génesis 2:24, justo luego de la explicación de cómo fue creada la mujer, Moisés (el escritor de Génesis) dice: “Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”. Ahora bien, cuando el apóstol Pablo cita este verso en Efesios 5:31 dice: “Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia”. Y utilizando esto como indicio, desarrolla el significado del matrimonio: Es un símbolo del amor de Dios por la iglesia, representado en el amor del esposo hacia su mujer; y es un símbolo de la feliz sumisión de la iglesia a Cristo representada en la relación de la esposa hacia su marido.
Él llama a Génesis 2:24 un “misterio” porque Dios no reveló claramente en Génesis todos Sus propósitos para el matrimonio del hombre y la mujer. Habían referencias en el Antiguo Testamento de que el matrimonio era como la relación de Dios con Su pueblo. Pero sólo con la venida de Cristo el misterio del matrimonio queda explicado en detalle. Intenta ser un reflejo del pacto de Cristo con Su pueblo, Su compromiso con la iglesia.
Se puede observar entonces, cómo Dios al crear al ser humano hombre y mujer y luego al ordenar el matrimonio como la relación en la cual el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su esposa en compromiso y pacto, se observa cómo este acto de creación y este mandato del matrimonio ruegan por la revelación de Cristo y Su iglesia. Imploran por el Cristianismo como la revelación del misterio.
Este es un pensamiento muy extraño para muchos, incluso para la mayoría de los cristianos, porque el matrimonio es una institución secular tanto como cristiana. Se lo encuentra en todas las culturas, no sólo en sociedades Cristianas. Entonces, no creemos que los matrimonios no Cristianos que conocemos sean símbolos misteriosos de la relación de Cristo con la iglesia. Pero lo son, y nuestra misma existencia como hombres y mujeres en el matrimonio pide por que Cristo se haga conocer en Su relación con la iglesia. El Cristianismo completa nuestra comprensión acerca del pacto de matrimonio.
Permíteme presentarte una situación y darle un giro que quizá no hayas pensado antes. Cristo vendrá nuevamente a la tierra. Así como lo vieron irse, vendrá nuevamente, según dijeron los ángeles. Entonces imaginemos ese día. Se abren los cielos y suenan las trompetas y el Hijo del Hombre aparece sobre las nubes con poder y gloria y con miles de ángeles brillando como el sol. Él los envía a reunir a Sus elegidos por todo el mundo y resucita de entre los muertos a quienes murieron en Cristo. Él les da cuerpos nuevos y gloriosos como el Suyo propio y transforma al resto de nosotros en un abrir y cerrar de ojos, para que estemos listos para la gloria.
La preparación por siglos de la esposa de Cristo (¡la iglesia!) finalmente se ha completado y Él toma su brazo, figurativamente, y la conduce a la mesa. La cena del Cordero del casamiento ha llegado. Él está a la cabecera de la mesa y un gran silencio cae sobre los millones de santos. Y Él dice: "Éste, mis amados, era el significado del matrimonio. Esto es hacia lo que todo apuntaba. Este es el motivo por el cual los creé hombre y mujer y les ordené celebrar el pacto del matrimonio. De aquí en adelante, no habrá más matrimonio, porque la realidad final ha llegado y la sombra puede desaparecer". (Véase Marcos 12:25; Lucas 20:34-36)
Ahora, recuerda lo que estamos haciendo: Estamos tratando de ver que la tercera verdad, Dios nos creó a su imagen, hombre y mujer, apunta al Cristianismo como su consumación. Y yo dije que lo hace de dos formas. La primera fue por el misterio del matrimonio. La creación del ser humano como hombre y mujer da el marco necesario en la creación, para la ordenanza del matrimonio. No podría haber existido el matrimonio sin el hombre y la mujer. Y el significado del matrimonio no es conocido en su esencia o plenitud, hasta que uno lo ve como una parábola de la relación de Cristo con la iglesia.
Entonces, la creación del ser humano como hombre y mujer apunta al matrimonio, y el matrimonio apunta a Cristo y la iglesia. Consecuentemente, la creencia de que Dios nos creó a Su imagen como hombre y mujer no está completa sin el Cristianismo, sin Cristo y Su trabajo de salvación para la iglesia.
La Histórica Fealdad de las Relaciones Entre el Hombre y la Mujer
Cuando el pecado entró al mundo, el efecto sobe nuestras relaciones como hombre y mujer fue devastador. Dios se presenta a Adán, luego de que éste comiera del fruto prohibido, y le pregunta qué ha sucedido. Adán contesta en Génesis 3:12, “La mujer que tú me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí”. En otras palabras, es culpa de ella (¡o tuya por dármela!), ¡entonces, si alguien debe morir por comer el fruto es mejor que sea ella!
Allí tenemos el comienzo de toda violencia familiar, todo el abuso hacia la esposa, toda violación, toda difamación sexual, todas las formas de denigración de la mujer que Dios creó a Su imagen.
Génesis 3:16 pronuncia la siguiente maldición sobre el hombre y la mujer caídos: Dios le dice a la mujer, “En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos; y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti”. En otras palabras, el resultado del pecado y la maldición de nuestra era es el conflicto entre los sexos. Este verso no es una descripción de cómo deberían ser las cosas. Es una descripción de la forma en que serán las cosas mientras reine el pecado. Hombres dominantes y mujeres engañosas. Este no es el significado de hombre y mujer a imagen de Dios. Es la fealdad del pecado.
Ahora bien, ¿cómo apunta esa fealdad al Cristianismo? Apunta al Cristianismo porque ansía la curación que el Cristianismo trae a la relación entre hombres y mujeres. Si Dios nos creó a Su imagen COMO HOMBRE Y MUJER, ello implica igualdad en la condición de persona, dignidad, respeto mutuo, armonía, complementariedad, un destino unificado. Pero ¿dónde está todo esto en la historia del mundo? Está en la curación que trae Jesús.
Dos Observaciones Acerca de la Curación que Trae Jesús
Hay tanto para decir aquí. Pero permítanme mencionar sólo dos cosas.3.1. El Destino del Ser Creado Hombre y Mujer
Primero, Pedro dice en 1 Pedro 3:7, que los esposos cristianos son “coherederos de la gracia de la vida”. ¿Qué significa esto? Significa que en Cristo los hombres y mujeres recuperan el sentido por el que fueron creados hombre y mujer a imagen de Dios. Significa que juntos, como hombre y mujer, deben dar la imagen de la gloria de Dios y juntos como coherederos, deben heredar la gloria de Dios.
La creación como hombre y mujer a imagen de Dios (cuando lo vemos con el pecado) ruega para que sea consumada la curación que surge del trabajo de transformación de Cristo, y la herencia que Él dejó para los pecadores. Cristo recupera del pecado la realidad de que el hombre y mujer son coherederos de la gracia de la vida.
3.2. El Significado de la Soltería Como Hombre y Mujer
El otro aspecto para mencionar sobre la forma en que Cristo da vuelta las cosas y supera la fealdad de nuestro conflicto, y además cumple el destino de ser creados hombre y mujer a imagen de Dios, se encuentra en 1 Corintios 7. Allí, Pablo dice algo increíblemente radical para esos días: “A los solteros y a las viudas digo que es bueno para ellos si se quedan como yo... el soltero se preocupa por las cosas del Señor, cómo puede agradar al Señor…la mujer que no está casada y la doncella se preocupan por las cosas del Señor, para ser santas tanto en cuerpo como en espíritu… Esto digo…no para poneros restricción, sino para…asegurar vuestra constante devoción al Señor” (1 Corintios 7: 8, 32-35).
¿Puedes ver lo que esto implica? Implica que la curación que Jesús brinda al hombre y la mujer, creados a imagen de Dios no depende del matrimonio. En realidad, la experiencia de Pablo como hombre soltero (y el modelo de Jesús como soltero) le enseñó que hay cierta devoción resuelta al Señor, que es posible para el hombre o mujer solteros, que no es usualmente la porción de los santos casados.
En otras palabras: El matrimonio es una institución temporaria en esta era, hasta la resurrección de los muertos. La esencia de su significado y propósito es representar la relación de Cristo con la iglesia. Pero cuando venga la realidad, la representación que conocemos será dejada de lado. Y no existirá el matrimonio en la era que viene. Y aquellos que han sido solteros y consagrados al Señor, se sentarán en la cena matrimonial del Cordero, como herederos plenos del don de la vida. Y según su devoción al Señor y sus sacrificios serán recompensados con afecto, relaciones y alegrías más allá de toda imaginación.
En Resumen
Vamos a resumir lo expresado.- Dios creó a los seres humanos. Y al finalizar el Antiguo Testamento, este hecho sorprendente demanda el resto de la historia, la Cristiandad, para que tenga sentido lo que Dios quería hacer. Sus propósitos en la creación están incompletos sin el trabajo de Cristo.
- Dios nos creó A SU IMAGEN. Pero nosotros hemos estropeado esa imagen de tal manera que es casi irreconocible. Consecuentemente, esta verdad ruega por la consumación del Cristianismo, porque lo que hace Jesús es reclamar lo que ha sido perdido. Esto es una "nueva creación en Cristo". Se restaura la imagen en justicia y santidad.
- Dios nos creó a Su imagen como HOMBRE Y MUJER. Y esto también ruega por la consumación de la verdad del Cristianismo. Nadie puede darse cuenta completamente de lo que significa ser hombre y mujer casados hasta ver que el matrimonio es para mostrar a Cristo y la iglesia. Y nadie puede entender el verdadero destino de ser creados hombre y mujer a imagen de Dios hasta entender que el hombre y la mujer son ambos herederos de la gracia de la vida. Y finalmente, nadie puede entender completamente el significado de estar soltero como hombre y mujer a imagen de Dios, hasta enterarse por Cristo que en el futuro no existirá el matrimonio y consecuentemente, el glorioso destino de ser hombre y mujer a imagen de Dios, no depende del matrimonio, sino de la devoción al Señor.
Sunday, January 1, 2012
¿Qué podemos hacer mi cónyuge y yo para hacer nuestro matrimonio más fuerte?
Los dos deben reconocer que su matrimonio es un compromiso con Jesucristo primeramente y después con el uno al otro. Su mejor defensa contra las fuerzas que pueden destruir su matrimonio es que los dos mantengan una profunda y buena relación con Jesucristo y un compromiso a obedecer Su Palabra. Ser fiel y obediente en su caminar con el Señor les ayudara a no caer.
Aquí hay varios principios prácticos para seguir:
• Concéntrese en su corazón, no en su apariencia.
Su vida interna es más importante que su apariencia. El escritor de Proverbios dijo lo siguiente, “Engañosa es la gracia y vana la belleza, pero la mujer que teme al Señor, ésa será alabada” (Proverbios 31:30).
Pedro dio este principio a las esposas en 1 Pedro 3:3-4, pero también se aplica a los esposos: “Y que vuestro adorno no sea externo: peinados ostentosos, joyas de oro o vestidos lujosos, sino que sea el yo interno, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios”.
Si usted se enfoca en desarrollar su amor por Cristo, sus cualidades internos de piedad maduraran, desarrollaran, y fortalecerán su matrimonio.
• Concéntrese en quien verdaderamente es su cónyuge, y no en un compañero ideal.
Muchos matrimonios fallan simplemente porque no toman tiempo para conocerse el uno al otro. Su cónyuge, tan maravilloso que parecía en el altar, no es perfecto. Si usted solo piensa en lo ideal que quisiera que fuera su cónyuge o su matrimonio, usted herirá su matrimonio. Abandone la idea de un cónyuge y matrimonio perfecto y empiece a aprender cómo entender y amar al cónyuge que tiene -como es él o ella hoy mismo. Esto es lo que Pedro quiso decir cuando le dijo a los esposos que vivieran con sus esposas “de manera comprensiva” (1 Pedro 3:7).
• Concéntrese en amar a su cónyuge, no en su compatibilidad.
No importa quién es su cónyuge, pueden aprender a amarse el uno al otro. En contraste con la idea prevaleciente que el amor es algo que solo pasa, Pablo manda a los esposos que amen a sus esposas (Efesios 5:25) y a las esposas que amen a sus esposos (Tito 2:4). La Escritura no reconoce la posibilidad de la incompatibilidad entre dos compañeros de matrimonio – Dios simplemente manda que los dos, el esposo y la esposa, se amen.
Thursday, December 15, 2011
Por qué peleamos si nos amamos
El
matrimonio viene a ser un complemento para la persona. No obstante, el
mismo pasa por diversas etapas y retos, es especial porque no todo es
dulzura y esplendor; frecuentemente es la revelación de la otra cara de
la naturaleza de su cónyuge. Lo que puede haber permanecido oculto en la
personalidad, va a brotar ahora a la luz, y eso puede poner a prueba el
compromiso de amor. Es en este momento donde surgen los conflictos a
raíz de las diferencias existentes entre los miembros de la pareja.
Por lo tanto, es muy importante aprender a confrontar los conflictos en el matrimonio. La confrontación es el medio más directo y sano de resolver diferencias. Confrontar significa prontitud, interés y reconciliación. Se debe tener muy presente que el secreto de una buena confrontación no es ganar la batalla, sino ganar a la persona, por ello no deben haber componentes de hostilidad ni dolor, sino más bien debe ser un camino hacia el perdón. Considerar que siempre hay que ganar cada discusión, decir la última palabra, o salirse siempre con la suya, es una forma errónea de pensar y actuar, ya que con esta actitud se está minimizando el valor y el respeto que merece y posee la pareja.
Las discusiones y desacuerdos en el matrimonio son propios de una relación, y existirán mientras ésta perdure, ya que la pareja está compuesta por dos seres totalmente imperfectos, con formas de pensar, sentir y actuar diferentes. Estas diferencias se originan no sólo de la forma en que los hombres y mujeres perciben el mundo que les rodea, sino también a que cada uno proviene de familias con dinámicas de interacción muy distintas.
Discutir correctamente, puede ser un valor siempre y cuando no se excluya un diálogo respetuoso, inteligente y mutuamente enriquecedor; por consiguiente en una discusión no debe existir la humillación, la deshonra, los insultos, los golpes, la manipulación a través del sexo, las burlas, ni las amenazas.
Hay que recordar que discutir no significa pelear. Una discusión sabia busca el acuerdo a través de la exposición respetuosa de los puntos de vista, a veces disonantes, de la pareja. El discutir, no quiere decir que se tenga que dañar la percepción de cariño y afecto que existe entre los cónyuges.
Es muy importante señalar que marido y mujer pueden enfrentar sanamente los desacuerdos y las tensiones que surgen cuando las necesidades e impulsos de ambos no concuerdan. Para lograrlo se le recomienda a las parejas centrarse en el problema, no saltar de un tema a otro, porque se mezclan sensaciones pasadas. También se debe evitar adoptar una actitud de mártir, esta situación se da cuando uno de los cónyuges recuerda al otro los desvelos, detalles y renuncias, pretendiendo que le dé la razón a cambio de “lo mucho” que le debe.
Toda discusión debe quedar en buenos términos para ambos cónyuges, sin vencedor ni vencido, por lo tanto es muy importante no asumir una posición de ataque, la discusión siempre debe mantenerse en el terreno impersonal, no atacando al cónyuge con recriminaciones duras o haciendo referencia a la apariencia del otro o a los defectos reales o imaginarios que posee.
Finalmente, el paso más importante para poder sobrellevar una relación entre personas completamente diferentes, es aprender a perdonar. Perdonar no es inventar un sentimiento místico. Aún cuando se decide perdonar, el dolor de la afrenta puede tomar tiempo para ser sanado; porque perdón no es sinónimo de amnesia, pero sí permite alejar los recuerdos negativos, del presente.
Por lo tanto, es muy importante aprender a confrontar los conflictos en el matrimonio. La confrontación es el medio más directo y sano de resolver diferencias. Confrontar significa prontitud, interés y reconciliación. Se debe tener muy presente que el secreto de una buena confrontación no es ganar la batalla, sino ganar a la persona, por ello no deben haber componentes de hostilidad ni dolor, sino más bien debe ser un camino hacia el perdón. Considerar que siempre hay que ganar cada discusión, decir la última palabra, o salirse siempre con la suya, es una forma errónea de pensar y actuar, ya que con esta actitud se está minimizando el valor y el respeto que merece y posee la pareja.
Las discusiones y desacuerdos en el matrimonio son propios de una relación, y existirán mientras ésta perdure, ya que la pareja está compuesta por dos seres totalmente imperfectos, con formas de pensar, sentir y actuar diferentes. Estas diferencias se originan no sólo de la forma en que los hombres y mujeres perciben el mundo que les rodea, sino también a que cada uno proviene de familias con dinámicas de interacción muy distintas.
Discutir correctamente, puede ser un valor siempre y cuando no se excluya un diálogo respetuoso, inteligente y mutuamente enriquecedor; por consiguiente en una discusión no debe existir la humillación, la deshonra, los insultos, los golpes, la manipulación a través del sexo, las burlas, ni las amenazas.
Hay que recordar que discutir no significa pelear. Una discusión sabia busca el acuerdo a través de la exposición respetuosa de los puntos de vista, a veces disonantes, de la pareja. El discutir, no quiere decir que se tenga que dañar la percepción de cariño y afecto que existe entre los cónyuges.
Es muy importante señalar que marido y mujer pueden enfrentar sanamente los desacuerdos y las tensiones que surgen cuando las necesidades e impulsos de ambos no concuerdan. Para lograrlo se le recomienda a las parejas centrarse en el problema, no saltar de un tema a otro, porque se mezclan sensaciones pasadas. También se debe evitar adoptar una actitud de mártir, esta situación se da cuando uno de los cónyuges recuerda al otro los desvelos, detalles y renuncias, pretendiendo que le dé la razón a cambio de “lo mucho” que le debe.
Toda discusión debe quedar en buenos términos para ambos cónyuges, sin vencedor ni vencido, por lo tanto es muy importante no asumir una posición de ataque, la discusión siempre debe mantenerse en el terreno impersonal, no atacando al cónyuge con recriminaciones duras o haciendo referencia a la apariencia del otro o a los defectos reales o imaginarios que posee.
Finalmente, el paso más importante para poder sobrellevar una relación entre personas completamente diferentes, es aprender a perdonar. Perdonar no es inventar un sentimiento místico. Aún cuando se decide perdonar, el dolor de la afrenta puede tomar tiempo para ser sanado; porque perdón no es sinónimo de amnesia, pero sí permite alejar los recuerdos negativos, del presente.
Por Katherine Hogg
Monday, December 12, 2011
La importancia de orar en familia: (Deut. 6:4-7)
Hay muchas ventajas de orar en familia, y es bien importante porque
de esa manera se educa a nuestros hijos a tomar en cuenta a Dios, a
respetar a Dios, a temer a Dios, a honrar a Dios, a poner por prioridad a
Dios, a conversar con Dios, la lista es interminable de las ventajas e
importancia de orar en familia, lo que en muchos países se conoce como
altar familiar, que es lo mismo: orar juntos. La Biblia nos dice que hay
tiempo para todo y cuando oramos nos referimos a ese tiempo específico
que se dedica a Nuestro Señor Jesús y acercarnos a Él a través de la
oración, para leer la Biblia y pedir juntos como familia por las
bendiciones y peticiones que tengamos, y lo hacemos por el gran amor que
le tenemos: Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno
es. >> Y amaras a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu
alma, y con todas tus fuerzas. (Vers. 4,5)
El orar en familia es un mandato de Dios, al igual que leer su Santa Palabra, es lo que nos ayuda como padres a criar mejor a nuestros hijos, a mantenerlos alejados del mundo que los rodea, aunque sabemos que es Dios quien se encarga de cuidarlos, nosotros solo los instruimos y somos de ejemplo para ellos, el meditar en la Palabra de Dios con nuestros hijos es una responsabilidad perpetua y tenemos que hacerlo al menos 2 veces diarias, si lo hacemos con ellos, los resultados que obtendremos serán gratificantes para nuestra vida y estaremos cumpliendo así con la labor que se nos fue encomendada de parte de Dios: Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. >>Y las repetirás a tus hijos, y hablaras de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. (Vers. 6-7)
El orar en familia es un medio por el cual la palabra de Dios es exaltada en nuestros hogares, y nos ayude a tener más esperanza y confianza en Jesucristo, además debemos tener un mismo sentir al orar juntos, ponernos de acuerdo en las peticiones que hagamos: Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza. >>Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os de entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús. (Rom. 15:4,5)
Otra de la importancia de orar en familia es el hecho de que les enseñamos a nuestros hijos a tomar en cuenta a Dios siempre, a tener temor de Él, a ser agradecidos con Él, y sobre todo a depender totalmente de Dios, y esto les ayuda para llegar a ser sabios al servicio de Dios: Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. (2ª. Tim. 3:15)>> Guardad cuidadosamente los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y sus testimonios y sus estatutos que te ha mandado. >>Y haz lo recto y bueno ante los ojos de Jehová para que te vaya bien, y entres y poseas la buena tierra que Jehová juro a tus padres. (Deut. 6:17-18)
El otro punto bien importante es que el orar en familia; nos mantiene unidos y nos ayuda a encarar juntos los problemas que podemos tener y nos ayuda a fortalecer nuestra relación con Dios, además nos ayuda a fortalecer los lazos familiares, a enriquecer la comunicación con nuestra pareja y los hijos, al igual que ayuda al crecimiento espiritual como grupo familiar, y es el mandato de Dios que instruyamos a nuestros hijos, y a toda la generación, y descendencia en el camino del Señor: Estos pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mando que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para tomarla. >>Para que temas a Jehová tú Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados. (Deut. 6:1-2)
Dios te bendiga hoy y siempre…
Hno. Giovanni Barrera
Lider Ministerio de Seguridad
Tabernaculo Biblico Bautista
El orar en familia es un mandato de Dios, al igual que leer su Santa Palabra, es lo que nos ayuda como padres a criar mejor a nuestros hijos, a mantenerlos alejados del mundo que los rodea, aunque sabemos que es Dios quien se encarga de cuidarlos, nosotros solo los instruimos y somos de ejemplo para ellos, el meditar en la Palabra de Dios con nuestros hijos es una responsabilidad perpetua y tenemos que hacerlo al menos 2 veces diarias, si lo hacemos con ellos, los resultados que obtendremos serán gratificantes para nuestra vida y estaremos cumpliendo así con la labor que se nos fue encomendada de parte de Dios: Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. >>Y las repetirás a tus hijos, y hablaras de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. (Vers. 6-7)
El orar en familia es un medio por el cual la palabra de Dios es exaltada en nuestros hogares, y nos ayude a tener más esperanza y confianza en Jesucristo, además debemos tener un mismo sentir al orar juntos, ponernos de acuerdo en las peticiones que hagamos: Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza. >>Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os de entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús. (Rom. 15:4,5)
Otra de la importancia de orar en familia es el hecho de que les enseñamos a nuestros hijos a tomar en cuenta a Dios siempre, a tener temor de Él, a ser agradecidos con Él, y sobre todo a depender totalmente de Dios, y esto les ayuda para llegar a ser sabios al servicio de Dios: Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. (2ª. Tim. 3:15)>> Guardad cuidadosamente los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y sus testimonios y sus estatutos que te ha mandado. >>Y haz lo recto y bueno ante los ojos de Jehová para que te vaya bien, y entres y poseas la buena tierra que Jehová juro a tus padres. (Deut. 6:17-18)
El otro punto bien importante es que el orar en familia; nos mantiene unidos y nos ayuda a encarar juntos los problemas que podemos tener y nos ayuda a fortalecer nuestra relación con Dios, además nos ayuda a fortalecer los lazos familiares, a enriquecer la comunicación con nuestra pareja y los hijos, al igual que ayuda al crecimiento espiritual como grupo familiar, y es el mandato de Dios que instruyamos a nuestros hijos, y a toda la generación, y descendencia en el camino del Señor: Estos pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mando que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para tomarla. >>Para que temas a Jehová tú Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados. (Deut. 6:1-2)
Dios te bendiga hoy y siempre…
Hno. Giovanni Barrera
Lider Ministerio de Seguridad
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