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Thursday, February 2, 2012

Las pruebas nos hacen crecer (Por John MacArthur )


Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.  
                                                --Santiago 1:2-4


Este pasaje nos presenta otra manera de pensar en las tentaciones que afrontamos. La palabra aquí traducida “pruebas” es la misma palabra traducida “tentación” en 1 Corintios 10:13 (citado anteriormente). Dios no solo nos protege de tentaciones que no podemos soportar; Él también usa esas tentaciones para ayudarnos a madurar. 

A todos nos gustaría poder decir que no nos falta nada, que somos perfectos y estamos completos. Nos gustaría oír al Señor decir que no falta nada en nuestra vida. Pero solo podemos llegar a esa condición a través del dolor. No podemos ser maduros sin cultivar la paciencia y no podemos cultivar la paciencia sin pasar por situaciones difíciles que prueban nuestra fe. Por eso Santiago dice que debe tener por sumo gozo cuando se halle en diversas pruebas, cuando afronte tentaciones y pruebas de su fe. Usted es fortalecido en esas pruebas al desarrollar resistencia espiritual. 

 Si quiere ser físicamente más fuerte, ¿qué hace usted? Se somete a experiencias dolorosas. Va al gimnasio y trabaja y trabaja, ya sea levantando pesas, corriendo en la pista o dedicando tiempo a caminar. Usted hace todo lo que puede por fortalecer su cuerpo, y usted sabe que en esto está implícito el dolor pero usted ha decidido que vale la pena soportar el dolor por la meta que se quiere alcanzar. A fin de fortalecerse, usted tiene que ser capaz de soportar algún dolor y perseverar a pesar de ese dolor. Es fácil comenzar pero es difícil permanecer con él. 

 Lo mismo puede decirse si quiere fortalecerse espiritualmente. Nunca llegará a madurar espiritualmente a menos que desarrolle paciencia y solo puede desarrollar paciencia cuando persevera en la fe a través de experiencias dolorosas. Algunos oran: “Señor, quiero ser fuerte para ti. Quiero ser valiente y audaz. Quiero crecer, llegar a la madurez, a estar completo en mi fe”. Si ora de esa manera, prepárese bien, ya que la respuesta a esa oración va a ser dolorosa. La única manera que Dios puede responder a esa oración es probando su fe llevándolo hasta el límite, empujándolo más allá de su ámbito natural y llevándolo por momentos difíciles. 

Si quiere eso para su vida, si usted desea ser todo lo que Dios quiere que sea para su gloria, entonces usted no solo apretará los dientes y soportará la prueba. La tendrá como motivo de gozo, como dice Santiago. ¿Cómo puede hacer eso? Usted mira más allá de la prueba, más allá del dolor, a sus efectos. Usted mira al propósito de ese tiempo de prueba en su vida, la meta de la madurez espiritual. Ahí está la fuente del gozo. En la medida en que se fortalece, será menos probable que ceda ante la tentación y menos probable que titubee en su fe. ¿No desea eso? Si es así bienvenidas esas pruebas que lo harán más fuerte.


Extraído del libro, El corazón de la Biblia escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.

Aceptación de la salvación de Dios (Por John MacArthur )


“En el corazón de la Biblia”, en algunos de nuestros versículos favoritos, está la verdad de que Dios quiere que aceptemos el don de la salvación. No basta con creer que Dios es soberano sobre todas las cosas. Esa sería una idea atemorizante si también no creyéramos que el deseo del Dios Todopoderoso es salvarnos, no vernos destruidos. No basta con saber lo que ocurrió en la cruz. Es posible saber que Dios pagó un precio por nuestra salvación y aun así rechazar el regalo. La Biblia dice que debemos creer en Aquel que murió por nosotros, aceptando por fe el don de salvación, confesando nuestra fe delante de los demás y rindiéndonos a Cristo como Señor.    
   

 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envío Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

-- ­­Juan 3:16-17 


 Este pudiera ser uno de los primeros versículos que usted haya memorizado. ¡Qué verdad tan maravillosa! Dios quiere que sepamos que hay una manera de escapar de la perdición. A fin de entender la razón de por qué Dios dio a su Hijo, hay que entender la clase de mundo al que lo envío. Era un mundo donde la gente se perdía. Dios no envío a su Hijo para condenar al mundo, ya que el mundo ya estaba condenado. Él envío a su Hijo para salvar a las personas de la perdición. 

             Esa palabra “perderse” salta ante nuestra vista. Quiere decir más que morir físicamente. Tiene la connotación de destrucción eterna y castigo divino; en una palabra, el infierno. Jesús habló más del infierno que del cielo. Él habló acerca de un fuego que nunca se apaga, de un lugar donde el gusano nunca muere, donde las personas crujen los dientes, se lamentan y lloran, donde hay absoluta oscuridad. Eso es lo que quiere decir perderse. 

               Pero de tal manera amó Dios al mundo que envío a su Hijo para que no nos perdiéramos. Podemos tener vida eterna. No es el tipo de vida que tenemos ahora, continuando por siempre. Ninguno de nosotros pudiera soportar eso; sería un tipo de infierno. La vida eterna es un tipo de vida diferente. No es simplemente un cambio en la cantidad de vida, sino en la calidad de vida. Se nos dará el tipo de vida de Dios. Participamos en la dicha de inmortalidad divina, en la mismísima vida que es de Dios mismo. Dios nos da su propia vida que existe eternamente en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Nos rescata de la perdición y nos da vida eterna. 

               ¿Quién recibe esa vida? Todo el que cree en el Hijo unigénito de Dios. Jesús dice que no echará fuera a quienes acuden a Él (Jn. 6:37). Todo el que crea en él será salvo. ¿Qué significa creer el Él? Eso no quiere decir simplemente creer que una persona llamada Jesús vivió una vez en la historia. Quiere decir creer que Jesucristo es quien dijo que era. Creer en Cristo significa creer en el verdadero Jesús:

            El Jesucristo que es Dios encarnado,

            El Jesús que nació de una virgen,

            El Jesús que vivió una vida sin pecado,

            El Jesús que murió una muerte expiatoria en la cruz,

            El Jesucristo que resucitó de los muertos,

            El Jesucristo que ascendió al cielo,

            El Jesucristo que ahora intercede a la diestra del Padre como nuestro gran sumo sacerdote,

            El Jesucristo que ha sido declarado Señor por Dios mismo,

            El Jesucristo que vendrá algún día para reunir a los suyos con Él y establecer su reino eterno.

             Creer en ese Jesucristo es la única manera de escapar de la perdición. Pablo advirtió que otros pudieran venir predicando a otro Cristo (2 Co. 11:4) y que quienes predicaran otro evangelio debían ser malditos (Gá. 1:8). Pero los que creen en el verdadero Jesucristo no son condenados. Se les rescata de la perdición  con el amor de Dios.  
  



Extraído del libro, “El corazón de la Biblia” escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.

Thursday, January 26, 2012

¡Creí que mis sufrimientos se acabarían en cuanto me hiciera cristiano! (Por John MacArthur)

La Palabra de Dios nos provee con dos razones por las cuales los hijos de Dios continúan enfrentando el sufrimiento después de la salvación. 

Primero, aunque somos liberados del dominio del pecado, cristianos aun sufren las consecuencias del pecado. La realidad del sufrimiento perdura en un mundo teñido por el pecado. Aun creyentes experimentan dolor, enfermedad, envejecimiento, y muerte, y a menudo son víctimas de los accidentes o hechos pecaminosos de otros. Esas cosas le suceden a todos, y todas tienen una conexión al pecado.

Pero hay una segunda razón por la cual los creyentes sufren – cada creyente es uno con Cristo. En esa unión, Dios nos dio el privilegio de participar en el mismo sufrimiento que toleró Jesús – sufrió por hacer lo bueno. Considere lo que dijo Pedro:
En la medida en que compartís los padecimientos de Cristo, regocijaos, para que también en la revelación de su gloria os regocijéis con gran alegría. Si sois vituperados por el nombre de Cristo, dichosos sois, pues el Espíritu de gloria y de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, por ellos Él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado (1 Pedro 4:13-14; cp. Romanos 8:18). 

Sufrir por la causa de justicia es parte de una vida normal de un cristiano. Lejos de remover el sufrimiento, nuestra salvación lo garantiza. De hecho, la Escritura dice que debemos esperar tener problemas: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese” (1 Pedro 4:12). 

Afortunadamente, con la promesa del sufrimiento, Dios nos promete Su presencia y una recompensa duradera. Y por esas bellas verdades, usted puede responder con esperanza – esa es un completo contraste a la perspectiva desesperante de un incrédulo. 

Salmo 34:18 dice: “Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu”. Hebreos 13:5 le recuerda que Dios nunca lo dejará – “No te desampararé, ni te dejaré” (cp. Mateo 28:20). Puede estar seguro que Dios siempre está cerca de usted en el sufrimiento más oscuro así como en los días de mucha bendición. 

El profeta Jeremías escribió, “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias” (Lamentaciones 3:22-23). La compasión de Dios nunca se agota o se envejece; es incesante y se renueva continuamente. No importa qué sufrimiento estés experimentando, esa verdad nunca cambia.
Primera Corintios 10:13 nos promete que “no os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”. Usted puede continuar porque Dios le ha prometido no darle más de lo que puede soportar. Él quiere que usted supere y no permitirá que usted enfrente cualquier tentación que lo aplastará bajo su peso.

Todos los creyentes son imperfectos y necesitan disciplina y entrenamiento de su Padre celestial. Dios fielmente provee a cada uno de sus hijos verdaderos la clase de castigo que produce santidad. Hebreos 12:6 dice, “Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo”. Esa verdad no es única al Nuevo Testamento – Deuteronomio 8:5 dice, “Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga”. 

¿Cómo debes responder al castigo de Dios? Con agradecimiento y sumisión, reconociendo que tu amoroso Padre celestial está obrando en ti. Resuelve a no despreciar o ser desanimado por esa obra (Hebreos 12:5). Dios está podando tu vida para hacerte más efectivo y fructífero. Jesús dijo, “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto” (Juan 15:2). 

Dios conoce lo que necesitas y lo que puedes aguantar, y Él trae pruebas para probar tu fe y demostrarlo a todos los que están alrededor tuyo. Él por su gracia te ha escogido a ti para ser un ejemplo del poder de Su gracia: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9). En un mundo sin esperanza, sin paz, que teme la muerte, y vive en completo vacío, tu perseverancia en medio de las pruebas es un testimonio que Dios esta activamente y gloriosamente haciendo una obra en ti. 

Perseverando en medio del sufrimiento intenso provee un testimonio de una esperanza verdadera a un mundo sin esperanza. No importa la intensidad de la prueba que estés enfrentando, siempre tienes la esperanza del cielo animándote. Como uno que cree en Dios y confía en Su Palabra, estima la verdad que el sufrimiento y la muerte no son dignos de ser comparados a la maravillosa gloria de conocer a Cristo. Pablo afirma esto cuando él escribió: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18).

Entonces, si estás en medio de una prueba, ora que tu condición espiritual sea gloriosamente evidente a todos a tu alrededor al mostrar verdadero gozo en ella (Santiago 1:2-4, 12).

Wednesday, January 18, 2012

Confianza en el Señor




"Fíate de Jehová de todo corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y El enderezará tus veredas."   -Proverbios 3:5-6
                                                                                              

 Ese mandato en realidad llega hasta lo más profundo de nuestra vida cristiana. ¿Confía plenamente en el Señor? “De todo corazón” significa que usted confía en Él en todo y con todo lo que usted es. ¿Puede confiar en el Señor sin que importe lo que venga, bueno o malo? ¿Puede confiar en Él a pesar de todo el dolor o el sufrimiento que tenga que soportar, a pesar de la prueba que tenga que afrontar? ¿Confiará en Él cuando sus sueños se frustren y se consuman? ¿Confía en el Señor plenamente, sin que importe lo que ocurra?
 
  La alternativa es confiar en usted mismo, apoyarse en su propia comprensión. Podemos escoger confiar en nuestra propia interpretación de los sucesos en lugar de confiar que Dios esta dirigiendo nuestros pasos. Cuando las cosas en su vida parecen estar fuera de control, usted tiene que recordar que Dios lo ama y que en todo Él está obrando para su bien. No debemos entender todo lo que nos ocurre. Debemos aprender a confiar en Dios en vez de confiar en nuestra capacidad para darle sentido a las cosas. 

  Uno de mis libros predilectos de la Biblia es el libro de Job. Él tuvo más problemas que la mayoría de nosotros podamos imaginar. Todos sus hijos murieron cuando estaban adorando a Dios en una de las casas de uno de ellos. Luego perdió todos sus animales, todos sus cultivos, toda su riqueza. Después se enfermó y se sentaba sobre cenizas lamentándose y rascándose las llagas. Lo único que le había quedado era su esposa y no le apoyaba en nada. Ella le dijo que maldijera a Dios y muriera. 

  Job tenía algunos amigos que fueron a verlo, y durante la primera semana solamente se quedaron callados sin decir una sola palabra. Solamente lloraron con Job y se compadecieron de él. Eso fue sabio y bueno. Pero después de siete días los amigos abrieron su boca y toda su sabiduría desapareció. Llegaron a conclusiones ridículas con relación a su dura situación y responsabilizaron de ello al pecado de Job. Ellos pensaban que estaban siendo espirituales y de gran ayuda. Tenían su propia comprensión de los acontecimientos y estaban completamente equivocados. 

  Finalmente Job mismo le preguntó a Dios: “¿Cómo voy a entender esto?” Mi corazón es recto. Soy un hombre íntegro. No puedo hallar pecado alguno en mi vida. No tengo idea de por qué me está pasando todo esto”. Job no sabía que Dios estaba promoviendo que Satanás probara su fe, para demostrar que la fe salvadora no puede ser destruida por la tragedia. Job le pidió a Dios que le explicara por qué estaba sufriendo. La respuesta de Dios fue: “No, no te lo voy a explicar. ¿Por qué debiera explicarte algo? ¿Qué te hace pensar que pudieras entender?” Dios le reveló a Job su poder creador y su grandeza infinita.

 Al final Job sencillamente dijo: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto…me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:5-6). Estaba diciendo, en realidad: Siento mucho haberte cuestionado. Solo voy a confiar en ti. En respuesta a esa confianza, Dios volvió a dar a Job una familia y mayores bendiciones de las que había conocido antes. 

 Usted no puede descansar en su propia interpretación de las cosas que suceden en su vida. Usted solo puede descansar en el Señor. Confíe en Él con todo su corazón. Reconózcalo en todo momento. Él abrirá un camino que usted nunca había esperado. Esa es su promesa.


 Extraído del libro, El plan del Señor para la iglesia escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.


Monday, January 16, 2012

Cómo ser salvo (Por John MacArthur)






Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.
-- Romanos 10: 9-10

Esta parte crucial de la Biblia expresa las dos cosas que usted debe hacer para ser salvo. ¿Cuál pudiera ser más importante?
Lo primero que debe hacer es confesar con su boca a Jesucristo como Señor. Eso significa más que reconocer que Jesús es el Señor, más que decir que Jesucristo es Dios. Después de todo, Santiago 2:19 dice que hasta los demonios saben que Dios es el soberano del universo pero ese conocimiento no los salva. 
Confesar a Jesucristo como Señor quiere decir que Cristo es su Señor, su Soberano. Hacer esa confesión significa expresar en voz alta delante de los demás su profunda convicción personal, sin reservas, de que Jesucristo es su dueño y el soberano de su vida. 
Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo” (Lc. 9:23). Esa es una afirmación asombrosa, considerando el modo en que las personas piensan acerca de la función de Jesucristo en su vida hoy, El evangelio no es acerca de la satisfacción de sí mismo, como muchos suponen. Es acerca de la abnegación. Nadie puede confesar a Jesucristo como Señor y decir: “Muy bien, Jesucristo, voy a dejarte entrar en mi vida y quiero que me hagas una persona de éxito y mejores mi matrimonio y reduzcas mi falta de habilidad en el golf”. El evangelio no es acerca de Jesucristo que viene a su vida y le da lo que usted desea. Es acerca de ir usted ante Jesucristo y decirle: “Dios, ten misericordia de mí, pecador. Sálvame”. Es decir: “Jesucristo, te reconozco como mi Soberano, Maestro y Señor. Me aparto de mis propios deseos y mi propia necesidad de controlar mi vida. Me someto a todo lo que quiera para mí”. 
El joven rico no haría eso (Lc. 18:18-27). Jesús le dijo que hiciera una cosa: Vende todo lo que tienes y dalo a los pobres y luego sígueme. Usted no se salva por deshacerse de su dinero. Lo que Jesús quería era probar el compromiso del hombre con Jesús como su Señor. Él le pudo haber pedido que hiciera centenares de cosas distintas pero Jesús escogió algo que él sabía que probaría su disposición a negarse así mismo. El joven rico no pudo someterse al gobierno de Cristo sobre él. No pudo confesar de esa manera que Jesucristo era el Señor de su vida. Se fue triste y sin la salvación. 
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Lo segundo que debe hacer para ser salvo es creer en su corazón que Dios resucitó a Jesucristo de los muertos. Creer en la resurrección quiere decir que usted también cree que Jesucristo murió en la cruz y resucitó de los muertos como la señal de que en realidad es el Mesías, levantado finalmente a la más elevada posición para gobernar con el Padre. Dios el Padre puso el sello de aprobación divina sobre la perfecta obra de Jesucristo, su vida sin pecado y su muerte expiatoria, cuando lo resucitó de los muertos. La resurrección fue la validación suprema de su ministerio y de su identidad. 
Usted será salvo solo cuando haya reconocido a Jesucristo como su Señor y haya creído que su muerte en la cruz fue el sacrificio eficaz por su pecado, validado por su gloriosa resurrección. Usted cree con su corazón y es justificado ante Dios; usted confiesa con su boca y confirma esa realidad. 
 




Extraído del libro, El corazón de la Biblia escrito por el Pastor John MacArthur.



Wednesday, January 11, 2012

Nuevo capítulo en fenómeno Tebow

 Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida.
-- Juan 3:16


 Cuando otros jugadores se estarían golpeando el pecho con un puño, él se arrodilla para rezar. Su manera de ganar pronto se derrumbará, insisten los expertos.

La fórmula del éxito de Tim Tebow no es común en la NFL. Por eso, muchos se preguntan: ¿es un milagro en el fútbol americano, o la mezcla perfecta de suerte, oportunidad y buenas jugadas?
Ese debate ferviente es lo que vuelve al mariscal de los Denver Broncos uno de los temas más candentes estos días en Estados Unidos, una discusión en la que casi nadie es neutral.

En lo único en que muchos están de acuerdo es que la mezcla rara de lanzamientos poco comunes y devoción religiosa en el deporte más popular del país vuelve ineludible al QB cristiano de 24 años, quien usa el juego para llevar su mensaje de fe más allá del campo y al mismo tiempo lidera a los Broncos en una inesperada campaña de postemporada.

"Simplemente estoy muy agradecido por la plataforma que me ha dado Dios y la oportunidad de ser mariscal de los Denver Broncos. Qué gran organización", dijo Tebow tras su última actuación épica, en que lanzó un pase de touchdown de 80 yardas en la primera jugada del tiempo extra para vencer 29-23 a Pittsburgh en la ronda de comodines de los playoffs.

La jugada originó 9,420 tweets por segundo, según Twitter. Más de un usuario de Twitter se dio cuenta que Tebow lanzó para 316 yardas en el partido y logró un récord de los playoffs de la NFL con un promedio de 31.6 yardas por pase completo. Las cifras coinciden con la del pasaje bíblico de Juan 3:16, uno de los más citados por los cristianos y que se convirtió en la búsqueda más popular de Google la noche del domingo. Tebow solía pintarse esa cifra en la tintura negra que usaba en el rostro cuando jugaba en la Universidad de Florida.

"Lo que pasa con Tebow es que parece ser más genuinamente devoto que la mayoría de los atletas, que parecen ser devotos para ganar partidos", dijo Clifford Putney, autor de un libro sobre el cristianismo en los deportes entre 1880 y 1920.

Aunque Tebow ya era seguido desde que ganó el trofeo Heisman y dos títulos nacionales universitarios, su logro más reciente es popularizar el gesto de apoyar una rodilla en el suelo, un codo en la otra y la cabeza en ese puño mientras el caos estalla a su alrededor.

La práctica es conocida como "Tebowing" --"bowing" significa "haciendo una reverencia"-- y hasta tiene su propio sitio web con imágenes de gente que la repite en Jerusalén, Sydney y otros lugares.
Más allá del entretenimiento, los simpatizantes y los medios están reevaluando sus percepciones sobre los atletas y su religión, una relación que hasta ahora se consideraba casi con desdén. Tebow y sus cinco remontadas en el último cuarto y cuatro victorias en tiempo extra obligan a repensar las menciones a Dios en las declaraciones después de los partidos.

También el estilo de lanzar del mariscal es un dilema: los expertos lo critican y, cuando alguien lo defiende, enseguida se supone que es una persona que comparte los valores religiosos del jugador.
"Es el jugador más difícil de analizar que he visto en mi vida", dijo Sandy Clough, conductor de radio deportiva en Denver.

Tomado de ESPN  Deportes

Tuesday, January 3, 2012

Qué hacer en las áreas grises (Por John MacArthur)


Como pastor me gozo guiar a la gente a través de la Palabra de Dios y explicarles las implicaciones de ella en sus vidas. Me gozo poder ayudarles a clarificar un punto de doctrina, interpretar un versículo difícil, o responderles cualquier otra pregunta. Entre tantas preocupaciones de la gente, no recuerdo que haya una vez que alguien me preguntó si es pecado mentir, engañar, robar, matar, cometer adulterio, o codiciar. También ha pasado mucho tiempo desde que alguien me ha preguntado si un cristiano debe leer la Biblia, orar, o compartir con otros la salvación de Jesucristo. La Biblia es clara en todas estas áreas. 


Sin embargo, sí hay una clase de preguntas que caen en medio de todo. Son temas sobre qué hacer con la libertad cristiana – temas que caen en las áreas grises. ¿Qué clase de entretenimiento es aceptable? ¿Qué clase de música está bien? ¿Qué cosas pueden hacer los cristianos los domingos? ¿Y qué de nuestra ropa, lo que comemos y bebemos, o cómo usamos nuestro tiempo extra – habla la Biblia sobre estas cosas? 


Algunos dirán, “No, la Biblia no habla sobre estos temas. Haz lo que quieras hacer - ¡Eres libre en Cristo!” Mientras sea verdad que la Biblia no habla específicamente sobre cada decisión que tendrás que hacer en tu vida, no cambian los principios que gobiernan la libertad cristiana. Cuando pasas las “áreas grises” por la red de los principios de la Palabra de Dios, confió que encontrarás claridad y verdadera libertad para vivir tu vida para la gloria de Dios. 


¿Me beneficiará espiritualmente? 


Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica (1 Corintios 10:23).
Una cosa de “provecho” es útil o para tu ventaja; y la idea detrás de la palabra “edifica” es para la madurez espiritual. Entonces basado en este versículo, pregúntate, “¿Hacer esto mejorará mi vida espiritual? ¿Cultivará piedad? ¿Me ayudará espiritualmente?” Si no, debes cuestionar si este comportamiento es la mejor decisión. 


¿Me traerá bajo esclavitud?


Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna (1 Cor. 6:12).
En la segunda parte de este versículo, Pablo está diciendo, “No seré dominado por el poder de cualquier cosa”. Si lo que estás considerando hacer puede empezar una mala costumbre, ¿por qué hacerlo? No permitas que seas dominado bajo algo o alguien. Eres siervo del Señor Jesucristo, y de Él solamente. 


¿Destruirá el templo de Dios?



¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios (1 Cor. 6:19-20).
No hagas nada que pueda dañar tu cuerpo o traerle vergüenza – es el único instrumento que tienes para glorificar a Dios. Romanos 6:13 dice, “Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia”. La forma en que uses tu cuerpo siempre debe reflejar tu deseo de honrar a Jesucristo.  


¿Causará que alguien más caiga? 


Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios; pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos menos. Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles (1 Cor. 8:8-9).
Este es el principio del amor. Así como dice Romanos 13:10: “El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor”. Si sabes que tu decisión – lo que consideres “entre los límites” y aprobado – causa a otro cristiano a tropezar y pecar, ama a ese hermano o hermana lo suficiente y resiste tu propia libertad. Eso no es popular en una sociedad egocéntrica, pero es bíblico. Complacerse uno mismo en su legítima libertad y causar problemas para otro cristiano es pecado. “De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis. Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano” (1 Cor. 8:12-13). 


¿Causará que el evangelio se expanda? 


No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios; como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos (1 Cor. 10:32-33).
Aún si eres consciente de ello o no, lo que permitas o no permitas en tu comportamiento afecta tu testimonio para Cristo – y el mundo lo está notando. Es un problema de testimonio – lo que tu vida hable de Dios. Tú testimonio o refleja la verdad de Dios o refleja una mentira. Las decisiones que haces en las áreas “grises” deben reflejar tu deseo de no ofender la reputación de Dios pero de traerle gloria. 


¿Violará mi consciencia? 


Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado (Ro. 14:23).
Primera Corintios 10:25-29 contiene tres referencias para abstenerse de una cierta práctica “por motivos de consciencia”. Nunca entrenes a violar tu propia consciencia. Si tu consciencia se molesta por lo que estás considerando, no lo hagas. Si no estás seguro, no lo hagas. Es difícil exagerar el valor de una consciencia limpia, pero vale la pena mantener tu consciencia clara para que tu relación con Dios no sea obstruida. Si permaneces en oración y en el estudio de la Palabra de Dios, informarás tu consciencia para que “[andéis] como hijos de luz…comprobando lo que es agradable al Señor” (Efesios 5:8, 10).


¿Le traerá gloria a Dios? 


Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios (1 Cor. 10:31).
Este versículo es claramente el resumen y la meta de todos los principios que yo he compartido. ¿No es el deseo de nuestro corazón poder glorificar a nuestro Señor y Salvador con nuestras vidas? Piensa en tu decisión - ¿Será Él glorificado, honrado, y alabado por medio de esto? Que podamos decir juntamente con Jesús, “Yo te he glorificado en la tierra” (Juan 17:4).
¿Entonces cuáles preguntas tienes? Fíltralas por los principios de arriba y disfruta tu libertad en Cristo – ¡la libertad a ser lo que Él te ha creado a ser!

Monday, December 19, 2011

¿Deberían tener los cristianos árboles de Navidad? – John McArthur

 Al acercarse el tiempo de Navidad, preguntas como ésta surgen algunas veces. Como todo en la vida, es importante abordar estos asuntos con discernimiento bíblico.



En este caso, no vemos nada incorrectoen el árbol de Navidad tradicional. Sin embargo, algunos han enseñado que está mal tener un árbol de Navidad en casa. ¿Son válidas sus razones? No lo creo.
Consideremos las dos objeciones más comunes que las personas hacen contra el árbol de Navidad.
Primero, algunos afirman que los árboles de Navidad tienen orígenes paganos. Sin embargo se cree que Bonifacio, aquel misionero inglés en la Alemania del siglo octavo, instaló el primer árbol de Navidad. Él habría reemplazado así los sacrificios al roble sagrado del dios Odin por un árbol adornado en tributo a Cristo. Otros relatos afirman que Martín Lutero introdujo el árbol de Navidad iluminado con velas. Basados en esa información podriamos decir que el árbol de Navidad tiene un pedigrí cristiano distinguido.


Sin embargo, aún si un trasfondo pagano pudiera ser claramente establecido, esto no necesariamente significa que deberíamos abstenernos de usar o disfrutar un árbol de Navidad. Quizás la siguiente analogía nos ayude a comprenderlo mejor:

Durante la Segunda Guerra Mundial, las Fuerzas Armadas americanas destinaron cierta cantidad de islas remotas del Pacífico Sur como pistas de aterrizaje temporales y depósitos de suministros. Nunca antes las tribus indígenas de aquellas regiones habían visto de cerca la tecnología moderna. Los grandes aviones de carga llevaban a las islas bienes materiales desconocidos para los lugareños: encendedores (que éstos consideraron milagrosos), jeeps, refrigeradores, radios, herramientas mecánicas, y comida variadísima. Cuando la guerra terminó, los isleños concluyeron que los hombres que habían traído aquellos enseres y que luego se habían ido eran dioses del cargamento, por lo que construyeron santuarios para expresar su esperanza de que éstos volverían con más bienes.
La mayoría de la gente ni siquiera sabe acerca de esta superstición religiosa. Del mismo modo, pocos saben acerca de la adoración de los árboles. Cuando un niño saca un regalo  de debajo del árbol de Navidad y desenvuelve un gran avión de carga a escala, nadie mira aquel objeto como un ídolo. Ni se mira al árbol de Navidad como si fuera una especie de dios del regalo. Comprendemos la diferencia entre un juguete y un ídolo tal como, claramente, comprendemos la diferencia entre un ídolo y un árbol de Navidad.


No vemos ninguna razón válida para hacer cualquier conexión entre los árboles de Navidad y los ídolos de madera o la adoración a los árboles.  Aquellos que insisten en hacer tales asociaciones deben tomar nota de las advertencias de la Biblia en contra de juzgar a otros en las cosas dudosas (ver Romanos 14 y 1 Corintios 10:23-33).


Otro argumento común contra los árboles de Navidad es que los tales están prohibidos en Jeremías capítulo 10.  Sin embargo, una mirada más cercana a ese capítulo demuestra que no tiene que nada que ver con árboles navideños sino que se refiere a la adoración de ídolos tallados en madera. El versículo 8 dice contundente: “Enseñanza de vanidades es el leño”, es decir, la doctrina sobre el culto a los ídolos de madera no tiene valor alguno.


El culto al ídolo es ciertamente una violación evidente al mandamiento que dice: “No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás…”  Mas no hay ninguna conexión entre la adoración de ídolos y el uso de árboles de Navidad, así que ni siquiera deberíamos preocuparnos por los argumentos que, sin fundamento, combaten la decoración navideña.  Más bien deberíamos enfocarnos en Jesucristo, el centro de la Navidad, mostrando toda diligencia en recordar la razón verdadera de las celebraciones de esta temporada.

Saturday, December 17, 2011

Saliendo de nuestra zona de comodidad



    Como cristianos, siempre hay que tener cuidado de no dejar bajar la guardia. Debemos permanecer juntos como una familia, dando apoyo a los demás y ayudar en todo lo posible a cada miembro. Podemos fortalecernos y prepararnos para llevar el mensaje de vida a todos aquellos que lo necesitan.

    El problema es que pasamos la mayor parte de nuestro tiempo en la zona donde nos sentimos más seguros y más tranquilos, y es ahí donde podemos empezar a caer sin darnos cuenta. Si tenemos algún conocimiento bíblico pensamos que lo sabemos todo y es entonces cuando se cometen errores. El Salmo 1 dice: " Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado" Podemos ver aquí una secuencia, un hombre que camina, luego se detiene y se sienta .

    Los cambios en nuestra vida no suceden de la noche a la mañana, la mayoría de las veces es un proceso lento que no se ve. Si no salimos de nuestra zona de comodidad, nos aferramos a nuestra fe y vivimos en comunión con otros cristianos, estamos en gran riesgo de ver como normal y aceptable todo lo que el mundo tiene para ofrece. Y cuando abrimos los ojos (si es que sucede) estamos bien adentro, llevando una vida desagradable a Dios1. Pablo dijo en la primera carta a los Corintios 10:12 " Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga"

¿Qué debemos hacer entonces?


   Debemos salir del área en nuestras vidas donde nos sentimos conformes y vivir una vida como Jesús quería que viviéramos. Cristo dijo: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo "(Mateo 22:37-39).

    Para lograr esto, tenemos que dar más de nosotros a Dios y a todos quienes nos rodean. Y es en esto en lo que siempre fallamos.

    Marcos nos dice que una vez que Jesús se sentó a ver cuando la gente depositaba las ofrendas, y vio a los ricos dando grandes cantidades, pero había una viuda pobre que dio todo lo que tenía, dos pequeñas monedas. Esta viuda dio de su sacrificio, mientras todos los demás dieron de lo que les sobraba. Y así es como algunas veces somos. Le damos a Dios y aquellos que nos necesitan algo de nuestro tiempo libre, y nosotros tratamos de mantener nuestro mejor tiempo para malgastarlo frente a un televisor, o divertirnos con los amigos, tal vez ir de compras o hacer simplemente nada. Pero lo que Dios realmente quiere que hagamos es dar de nuestro sacrificio.

    Él no nos pide que prediquemos que tenemos que amar a nuestro prójimo, Él dijo: "Amarás a tu prójimo", también dijo: "Amarás al Señor tu Dios", esto sólo significa una cosa DEBEMOS HACERLO.

    Así que si usted se encuentra en una zona de conformidad, trabajemos juntos en poner esto en práctica: ser fiel a Dios y amar al prójimo. En este momento muchos de nosotros estamos pasando por tiempos difíciles, sólo toma algo de tu tiempo y orar con ellos. No es necesario que tengas soluciones o respuestas a los problemas, sólo demostremos un poco de amor, el amor de Dios

Wednesday, December 14, 2011

“NO SE ENOJEN”



Efesios 4:26-27
 "Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo "
 
Eclesiastés 11:10
 "Quita, pues, de tu corazón el enojo, y aparta de tu carne el mal; porque la adolescencia y la juventud son vanidad"

 Santiago 1:19-20
"Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse;
 porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios"

 Proverbios 14:17
"El que fácilmente se enoja hará locuras;  y el hombre perverso será aborrecido"

 Proverbios 15:1
    "La blanda respuesta quita la ira; Mas la palabra áspera hace subir el furor"
 
 
 
    Enojarse, ponerse bravo, estar insultado, o tomar coraje, son algunas de las expresiones con que definimos ese estado de ira que trae muchas malas consecuencias a la vida, y que se manifiesta muy a menudo, más de lo deseado, en las personas, en la familia, en la sociedad, en el mundo entero.

   La Biblia advierte que no siempre tenemos derecho a asumir la conmoción  del enojo y sus arrebatos. También indica que hay casos en que nos asalta la ira porque nos provocan, o porque parece justo que reaccionemos de esa manera, o porque nos resulta inevitable ponernos tan bravos. Con todo, estamos indudablemente obligados a controlar la ira porque nunca podríamos justificar lo que va a suceder cuando el enojo se desencadena en acciones agresivas. “No se ponga el sol sobre vuestro enojo” es una de las pautas más apropiadas para darle paso a esta intoxicación de las emociones que nos altera. No hay que soltarle las riendas a ese caballo desbocado que es la irritación y el disgusto. Nunca debemos permitir que nos domine tanto coraje que haga del enfado la balanza de todos nuestros tratos.
   
   Es importante entender que los creyentes podemos tener momentos de enojo, y aún seguir estando bien con Dios. Pero la ira que uno se guarda da oportunidad a Satanás para molestarnos, para inmiscuirse en nuestras vidas, para tentarnos y que caigamos fácilmente. Un temperamento explosivo que no domina su exasperación impide la obra del Espíritu Santo, porque esa furia resta lugar a la pasión que debemos sentir por Jesucristo. Nos protegernos mejor si identificamos lo que con frecuencia nos irrita. Cuando esas situaciones surgen, o cuando vienen personas que nos incomodan tanto, debemos pedirle a Dios que nos haga pacientes, perdonadores, y temerosos de sus leyes.



Rev. Dr. Luciano Márquez Jr.

Primera Iglesia Bautista de New Brunswick, NJ