"Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; Al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí." Job 19:25-27
Saturday, December 17, 2011
Saliendo de nuestra zona de comodidad
Como cristianos, siempre hay que tener cuidado de no dejar bajar la guardia. Debemos permanecer juntos como una familia, dando apoyo a los demás y ayudar en todo lo posible a cada miembro. Podemos fortalecernos y prepararnos para llevar el mensaje de vida a todos aquellos que lo necesitan.
El problema es que pasamos la mayor parte de nuestro tiempo en la zona donde nos sentimos más seguros y más tranquilos, y es ahí donde podemos empezar a caer sin darnos cuenta. Si tenemos algún conocimiento bíblico pensamos que lo sabemos todo y es entonces cuando se cometen errores. El Salmo 1 dice: " Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado" Podemos ver aquí una secuencia, un hombre que camina, luego se detiene y se sienta .
Los cambios en nuestra vida no suceden de la noche a la mañana, la mayoría de las veces es un proceso lento que no se ve. Si no salimos de nuestra zona de comodidad, nos aferramos a nuestra fe y vivimos en comunión con otros cristianos, estamos en gran riesgo de ver como normal y aceptable todo lo que el mundo tiene para ofrece. Y cuando abrimos los ojos (si es que sucede) estamos bien adentro, llevando una vida desagradable a Dios1. Pablo dijo en la primera carta a los Corintios 10:12 " Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga"
¿Qué debemos hacer entonces?
Debemos salir del área en nuestras vidas donde nos sentimos conformes y vivir una vida como Jesús quería que viviéramos. Cristo dijo: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo "(Mateo 22:37-39).
Para lograr esto, tenemos que dar más de nosotros a Dios y a todos quienes nos rodean. Y es en esto en lo que siempre fallamos.
Marcos nos dice que una vez que Jesús se sentó a ver cuando la gente depositaba las ofrendas, y vio a los ricos dando grandes cantidades, pero había una viuda pobre que dio todo lo que tenía, dos pequeñas monedas. Esta viuda dio de su sacrificio, mientras todos los demás dieron de lo que les sobraba. Y así es como algunas veces somos. Le damos a Dios y aquellos que nos necesitan algo de nuestro tiempo libre, y nosotros tratamos de mantener nuestro mejor tiempo para malgastarlo frente a un televisor, o divertirnos con los amigos, tal vez ir de compras o hacer simplemente nada. Pero lo que Dios realmente quiere que hagamos es dar de nuestro sacrificio.
Él no nos pide que prediquemos que tenemos que amar a nuestro prójimo, Él dijo: "Amarás a tu prójimo", también dijo: "Amarás al Señor tu Dios", esto sólo significa una cosa DEBEMOS HACERLO.
Así que si usted se encuentra en una zona de conformidad, trabajemos juntos en poner esto en práctica: ser fiel a Dios y amar al prójimo. En este momento muchos de nosotros estamos pasando por tiempos difíciles, sólo toma algo de tu tiempo y orar con ellos. No es necesario que tengas soluciones o respuestas a los problemas, sólo demostremos un poco de amor, el amor de Dios
Thursday, December 15, 2011
Por qué peleamos si nos amamos
El
matrimonio viene a ser un complemento para la persona. No obstante, el
mismo pasa por diversas etapas y retos, es especial porque no todo es
dulzura y esplendor; frecuentemente es la revelación de la otra cara de
la naturaleza de su cónyuge. Lo que puede haber permanecido oculto en la
personalidad, va a brotar ahora a la luz, y eso puede poner a prueba el
compromiso de amor. Es en este momento donde surgen los conflictos a
raíz de las diferencias existentes entre los miembros de la pareja.
Por lo tanto, es muy importante aprender a confrontar los conflictos en el matrimonio. La confrontación es el medio más directo y sano de resolver diferencias. Confrontar significa prontitud, interés y reconciliación. Se debe tener muy presente que el secreto de una buena confrontación no es ganar la batalla, sino ganar a la persona, por ello no deben haber componentes de hostilidad ni dolor, sino más bien debe ser un camino hacia el perdón. Considerar que siempre hay que ganar cada discusión, decir la última palabra, o salirse siempre con la suya, es una forma errónea de pensar y actuar, ya que con esta actitud se está minimizando el valor y el respeto que merece y posee la pareja.
Las discusiones y desacuerdos en el matrimonio son propios de una relación, y existirán mientras ésta perdure, ya que la pareja está compuesta por dos seres totalmente imperfectos, con formas de pensar, sentir y actuar diferentes. Estas diferencias se originan no sólo de la forma en que los hombres y mujeres perciben el mundo que les rodea, sino también a que cada uno proviene de familias con dinámicas de interacción muy distintas.
Discutir correctamente, puede ser un valor siempre y cuando no se excluya un diálogo respetuoso, inteligente y mutuamente enriquecedor; por consiguiente en una discusión no debe existir la humillación, la deshonra, los insultos, los golpes, la manipulación a través del sexo, las burlas, ni las amenazas.
Hay que recordar que discutir no significa pelear. Una discusión sabia busca el acuerdo a través de la exposición respetuosa de los puntos de vista, a veces disonantes, de la pareja. El discutir, no quiere decir que se tenga que dañar la percepción de cariño y afecto que existe entre los cónyuges.
Es muy importante señalar que marido y mujer pueden enfrentar sanamente los desacuerdos y las tensiones que surgen cuando las necesidades e impulsos de ambos no concuerdan. Para lograrlo se le recomienda a las parejas centrarse en el problema, no saltar de un tema a otro, porque se mezclan sensaciones pasadas. También se debe evitar adoptar una actitud de mártir, esta situación se da cuando uno de los cónyuges recuerda al otro los desvelos, detalles y renuncias, pretendiendo que le dé la razón a cambio de “lo mucho” que le debe.
Toda discusión debe quedar en buenos términos para ambos cónyuges, sin vencedor ni vencido, por lo tanto es muy importante no asumir una posición de ataque, la discusión siempre debe mantenerse en el terreno impersonal, no atacando al cónyuge con recriminaciones duras o haciendo referencia a la apariencia del otro o a los defectos reales o imaginarios que posee.
Finalmente, el paso más importante para poder sobrellevar una relación entre personas completamente diferentes, es aprender a perdonar. Perdonar no es inventar un sentimiento místico. Aún cuando se decide perdonar, el dolor de la afrenta puede tomar tiempo para ser sanado; porque perdón no es sinónimo de amnesia, pero sí permite alejar los recuerdos negativos, del presente.
Por lo tanto, es muy importante aprender a confrontar los conflictos en el matrimonio. La confrontación es el medio más directo y sano de resolver diferencias. Confrontar significa prontitud, interés y reconciliación. Se debe tener muy presente que el secreto de una buena confrontación no es ganar la batalla, sino ganar a la persona, por ello no deben haber componentes de hostilidad ni dolor, sino más bien debe ser un camino hacia el perdón. Considerar que siempre hay que ganar cada discusión, decir la última palabra, o salirse siempre con la suya, es una forma errónea de pensar y actuar, ya que con esta actitud se está minimizando el valor y el respeto que merece y posee la pareja.
Las discusiones y desacuerdos en el matrimonio son propios de una relación, y existirán mientras ésta perdure, ya que la pareja está compuesta por dos seres totalmente imperfectos, con formas de pensar, sentir y actuar diferentes. Estas diferencias se originan no sólo de la forma en que los hombres y mujeres perciben el mundo que les rodea, sino también a que cada uno proviene de familias con dinámicas de interacción muy distintas.
Discutir correctamente, puede ser un valor siempre y cuando no se excluya un diálogo respetuoso, inteligente y mutuamente enriquecedor; por consiguiente en una discusión no debe existir la humillación, la deshonra, los insultos, los golpes, la manipulación a través del sexo, las burlas, ni las amenazas.
Hay que recordar que discutir no significa pelear. Una discusión sabia busca el acuerdo a través de la exposición respetuosa de los puntos de vista, a veces disonantes, de la pareja. El discutir, no quiere decir que se tenga que dañar la percepción de cariño y afecto que existe entre los cónyuges.
Es muy importante señalar que marido y mujer pueden enfrentar sanamente los desacuerdos y las tensiones que surgen cuando las necesidades e impulsos de ambos no concuerdan. Para lograrlo se le recomienda a las parejas centrarse en el problema, no saltar de un tema a otro, porque se mezclan sensaciones pasadas. También se debe evitar adoptar una actitud de mártir, esta situación se da cuando uno de los cónyuges recuerda al otro los desvelos, detalles y renuncias, pretendiendo que le dé la razón a cambio de “lo mucho” que le debe.
Toda discusión debe quedar en buenos términos para ambos cónyuges, sin vencedor ni vencido, por lo tanto es muy importante no asumir una posición de ataque, la discusión siempre debe mantenerse en el terreno impersonal, no atacando al cónyuge con recriminaciones duras o haciendo referencia a la apariencia del otro o a los defectos reales o imaginarios que posee.
Finalmente, el paso más importante para poder sobrellevar una relación entre personas completamente diferentes, es aprender a perdonar. Perdonar no es inventar un sentimiento místico. Aún cuando se decide perdonar, el dolor de la afrenta puede tomar tiempo para ser sanado; porque perdón no es sinónimo de amnesia, pero sí permite alejar los recuerdos negativos, del presente.
Por Katherine Hogg
Wednesday, December 14, 2011
“NO SE ENOJEN”
Efesios 4:26-27
"Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo "
Eclesiastés 11:10
"Quita, pues, de tu corazón el enojo, y aparta de tu carne el mal; porque la adolescencia y la juventud son vanidad"
Santiago 1:19-20
Proverbios 14:17
"El que fácilmente se enoja hará locuras; y el hombre perverso será aborrecido"
Proverbios 15:1
"La blanda respuesta quita la ira; Mas la palabra áspera hace subir el furor"
Santiago 1:19-20
"Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse;
porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios"Proverbios 14:17
"El que fácilmente se enoja hará locuras; y el hombre perverso será aborrecido"
"La blanda respuesta quita la ira; Mas la palabra áspera hace subir el furor"
La Biblia advierte que no siempre tenemos derecho a asumir la conmoción del enojo y sus arrebatos. También indica que hay casos en que nos asalta la ira porque nos provocan, o porque parece justo que reaccionemos de esa manera, o porque nos resulta inevitable ponernos tan bravos. Con todo, estamos indudablemente obligados a controlar la ira porque nunca podríamos justificar lo que va a suceder cuando el enojo se desencadena en acciones agresivas. “No se ponga el sol sobre vuestro enojo” es una de las pautas más apropiadas para darle paso a esta intoxicación de las emociones que nos altera. No hay que soltarle las riendas a ese caballo desbocado que es la irritación y el disgusto. Nunca debemos permitir que nos domine tanto coraje que haga del enfado la balanza de todos nuestros tratos.
Es importante entender que los creyentes podemos tener momentos de enojo, y aún seguir estando bien con Dios. Pero la ira que uno se guarda da oportunidad a Satanás para molestarnos, para inmiscuirse en nuestras vidas, para tentarnos y que caigamos fácilmente. Un temperamento explosivo que no domina su exasperación impide la obra del Espíritu Santo, porque esa furia resta lugar a la pasión que debemos sentir por Jesucristo. Nos protegernos mejor si identificamos lo que con frecuencia nos irrita. Cuando esas situaciones surgen, o cuando vienen personas que nos incomodan tanto, debemos pedirle a Dios que nos haga pacientes, perdonadores, y temerosos de sus leyes.
Rev. Dr. Luciano Márquez Jr.
Primera Iglesia Bautista de New Brunswick, NJ
Tuesday, December 13, 2011
¿TU ARREPENTIMIENTO ES VERDADERO?
Arrepentimiento – ¿falso o verdadero?
“Arrepiéntanse, y bautícese cada uno de
vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y
recibiréis el don del Espíritu Santo.” (Pedro en Pentecostés, Hechos
2:38)
“¡Generación de víboras! ¿Quién les
enseñó que puedan huir de la ira venidera? Hagan pues frutos dignos de
arrepentimiento, y no piensen decir dentro de ustedes mismos: ‘A Abraham
tenemos por padre’; porque yo les digo que Dios puede levantar hijos a
Abraham aun de estas piedras. Y ya también el hacha está puesta a la
raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es
cortado y echado en el fuego.” (Juan el Bautista, Mateo 3:7-10)
El arrepentimiento es indispensable para
nacer de nuevo y ser cristiano. Sin arrepentimiento no hay perdón de los
pecados, y no hay salvación. ¡Cuán importante es entonces entender qué
es el arrepentimiento! – Desafortunadamente, las iglesias de hoy han
diluido tanto el significado de esta palabra, que casi cualquier pecador
puede decir que se ha “arrepentido”, y los hermanos en las iglesias se
lo creen.
¿Qué NO es el arrepentimiento?
Deseo primero enumerar algunas acciones que en las iglesias pasan por arrepentimiento, pero NO lo son.
- Repetir una “oración de entrega” y decir: “Señor, perdóname todos mis pecados.”
Las personas que hacen esto, normalmente
lo hacen porque algún líder de la iglesia les dijo que lo hagan.
Entonces, este “arrepentimiento” no nació dentro de ellos mismos.
Pregunta a cualquiera de estas personas: “¿Qué pecados en particular
deseas que el Señor te perdone?” – Normalmente no sabrán nombrar ni uno
solo; en realidad no están conscientes de sus pecados. Y aun si saben
decir por ejemplo que han mentido o que han robado, no lo toman tan en
serío: mañana serán capaces de volver a cometer el mismo pecado. Esto no
es arrepentimiento.
- Lo mismo, pero clamando a alta voz y echando lágrimas.
Algunos buenos hermanos creen que las
lágrimas son una señal de un arrepentimiento verdadero. (Que lo
sustenten con un pasaje Bíblico, si pueden.) ¡Están equivocados! Muchas
personas echan lágrimas solo por un “efecto de imitación”: han visto que
otros lloran, entonces piensan que ellos tienen que hacerlo también. –
Personalmente tuve varios encuentros con personas que habían cometido un
pecado, y se acercaron llorando, pidiendo perdón y asegurando: “Le voy a
decir toda la verdad”; pero resultó que las cosas que dijeron así con
lágrimas, eran todas mentiras.
- Ir adelante en la iglesia, arrodillarse y decir una oración de entrega.
Como los anteriores, esto es solo un
ritual exterior. Pero el arrepentimiento verdadero no es asunto de lo
que hacemos por fuera; es un asunto del corazón y de un cambio en la
vida.
- Confesar los pecados que cometiste, y pedir perdón por ellos.
Ahora ya llegamos un paso más cerca. Esta
persona por lo menos reconoce abiertamente lo que hizo, y reconoce que
estaba mal. Pero ¿es esto ya el arrepentimiento? – Un asesino ante el
juez hará lo mismo, si las pruebas en su contra tienen suficiente peso.
Pero lo hará solamente porque sabe que si confiesa, su sentencia será
menos severa. No lo hace por estar realmente arrepentido, sino para
escapar de un apuro. – De la misma manera, algunos pecadores confiesan
sus pecados cuando son descubiertos, porque saben que así quizás pueden
evitar una disciplina o algún otro problema. Si este es el motivo,
entonces ¡no es arrepentimiento!
- Estar triste porque se descubrió un pecado tuyo.
La tristeza realmente es una parte del
verdadero arrepentimiento. Pero ¿es suficiente? – Tenemos que preguntar
por qué estás triste. ¿Estás triste porque sientes vergüenza, porque
quedaste descubierto como pecador, o porque tu conciencia te acusa?
Claro que todo esto te hace sentir mal – pero todavía no es
arrepentimiento. Hazte esta pregunta: ¿Sentirías la misma tristeza si
nadie supiera de tu pecado?
El asunto verdadero es que tu pecado
ofende a Dios. Es por causa de Dios que debes arrepentirte; no por causa
de tus hermanos, ni por causa de tu propia vergüenza que sientes. –
Incluso podrías decidir no volver a cometer el pecado; pero si es
solamente para ya no sentirte mal, todavía no es arrepentimiento
verdadero. Mientras no has comprendido cuánto has ofendido a Dios con tu
pecado, y cuán importante es Su honra, entonces todavía no te has
arrepentido de verdad.
¿Qué es entonces el arrepentimiento?
En el idioma griego del Nuevo Testamento
existen dos palabras que son traducidas con “arrepentirse”, y cada una
de estas palabras nos enseña algo sobre su significado verdadero:
“epistrefo” = “volver, dar media vuelta”.
Aquí podemos imaginarnos una persona que
está caminando hacia un abismo. Está avanzando en el camino del mal, y
va rumbo a la perdición. La persona que dice “Señor, perdóname todos mis
pecados”, es como alguien que camina en este camino malo, de vez en
cuando dice “Señor, perdóname”, pero sigue caminando hacia el abismo. La
persona que reconoce y confiesa sus pecados, pero no hace nada más, es
como alguien que se detiene en el camino malo, pero se queda parado allí
(y después de algún tiempo, quizás sigue caminando hacia el abismo).
El verdadero arrepentimiento significa
caminar en la dirección opuesta. La Palabra de Dios dice: “El que
encubre sus pecados no prosperará; pero el que los confiesa y se aparta,
alcanzará misericordia.” (Prov. 28:13) No es suficiente confesar el
pecado; es necesario apartarse se él, o sea, ya no cometerlo.
Algo muy importante en este contexto es
la restitución. Mira cómo expresó Zaqueo su arrepentimiento: “La mitad
de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he estafado a alguien, se
lo devuelvo cuatro veces más.” (Luc.19:8) Si un ladrón está realmente
arrepentido, va a devolver lo que robó (y esto voluntariamente, sin que
alguna ley o autoridad le obligue a hacerlo). Si un mentiroso está
arrepentido, rectificará sus mentiras y hablará verdad.
“metanoeo” = “cambiar la mente”.
El pecador arrepentido cambiará no solo
su manera de actuar, sino también su manera de pensar. En vez de amar el
pecado, ahora lo va a odiar. Peleará la batalla contra la tentación, no
solo cuando ya está cometiendo un pecado, sino cuando tan solamente
está pensando en un pecado. “…llevando cautivo todo pensamiento a la
obediencia a Cristo” (2 Cor.10:5). Ya en su mente, renuncia
completamente al pecado y así se separa de él.
También tiene que cambiar el motivo por
hacer lo bueno. Muchas personas intentan hacer lo bueno y evitar el
pecado; pero lo hacen por motivos que no agradan a Dios. Lo hacen para
parecer “buenos” ante los demás. Lo hacen porque sus padres, sus líderes
de iglesia, o alguna otra persona les va a reprochar si pecan. Lo hacen
porque las consecuencias del pecado son desagradables, y no quieren
sufrir. – El pecador arrepentido piensa de manera diferente. Empieza a
amar a Dios, y por amor a Dios se decide renunciar al pecado.
Imagínate a dos ladrones que acaban de
salir de la cárcel. El primero se dice: “Ya no voy a robar, porque no
quiero volver a la cárcel, y la policía está vigilando por todos lados.”
Entonces no roba; pero solo por temor al castigo. Si tuviera una
oportunidad de robar sin ser descubierto, lo haría. – El segundo ladrón
se dice: “He comprendido que es malo robar; que he hecho sufrir a muchas
personas con mis robos y que Dios está ofendido. He empezado a amar a
Dios; y por eso no volveré a robar.” Este segundo ladrón no robará nunca
más, aun si pudiera hacerlo sin ser descubierto. – Por fuera, los dos
van a actuar igual. Pero solo el segundo se arrepintió de verdad;
mientras el arrepentimiento del primero es un arrepentimiento falso, sus
motivos no cambiaron.
¿Tiene el pecado todavía algún atractivo para ti? Entonces, todavía no te has arrepentido de verdad.
¿Te estás esforzando mucho para no pecar,
porque los otros cristianos te podrían mirar mal; pero por dentro
sientes que estos esfuerzos van en contra de tu naturaleza, y anhelas
una oportunidad de poder cometer algún pecado sin que nadie te podría
descubrir? Entonces, todavía no te has arrepentido de verdad; solo has
cambiado tu manera de actuar, pero no tu manera de pensar.
Para que llegues a un arrepentimiento
verdadero, es necesaria una obra sobrenatural del Espíritu Santo en tu
corazón. “Y cuando él (el Espíritu Santo) venga, convencerá al mundo de
pecado, de justicia y de juicio.” (Juan 16:8) Esta convicción divina
acerca de tu pecado es lo que te puede llevar al arrepentimiento
verdadero, si tú lo deseas. Quizás, hasta ahora, tu conocimiento acerca
del pecado es nada más que teoría: “Sí, yo sé que he pecado y que debo
arrepentirme.” Tú necesitas que el Espíritu Santo te lo diga a tu
corazón. Y El lo hará, si le buscas en serio.
Cuidado con las falsificaciones
Con todo esto, podemos entender que
muchos “cristianos” en las iglesias en realidad no se han arrepentido.
Han hecho algo por fuera (una oración de entrega, una confesión), la
iglesia lo ha tomado por arrepentimiento, y ahora los llamamos
“hermanos”. Pero solo tuvieron un arrepentimiento falso.
Este es un asunto muy serio. No se trata
solo de unas distinciones filosóficas. Es que solo el verdadero
arrepentimiento lleva a la salvación. Por tanto, muchos de los que creen
ser cristianos, en realidad nunca han sido salvos, y siguen en el
camino hacia la perdición.
Cuando el evangelista Felipe predicaba en
Samaria, se convirtió una persona muy famosa. Era “un hombre llamado
Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a
la gente de Samaria … Pero cuando creyeron a Felipe, … también creyó
Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe…” (Hechos
8:9.13)
¡Qué cambio más maravilloso! ¡El mago y engañador famoso, renuncia a la magia, y ahora es un seguidor de Cristo!
Unos días después ocurrió un incidente
notable. Los apóstoles vinieron desde Jerusalén y oraron por los
convertidos, para que recibiesen el Espíritu Santo. “Cuando vio Simón
que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu
Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder…”
(Hechos 8:18-19) ¿No sería maravilloso, tener otro ministro más que
pudiera dar el Espíritu Santo? – Pero Pedro no se dejó engañar
fácilmente. “Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque
has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte
ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de
Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás
te sea perdonado el pensamiento de tu corazón…” (Hechos 8:20-22)
Aquí Simón queda al descubierto. Su
arrepentimiento no era verdadero. Por fuera había renunciado a la magia;
pero por dentro solo pensaba en sustituirla por otra clase de “magia”:
el poder del Espíritu Santo. El anhelaba este poder, no para agradar a
Dios, sino simplemente para tener poder. Los motivos de su corazón no
habían cambiado.
Ahora Simón tiene una segunda oportunidad para arrepentirse de verdad. ¿Aprovechará de esta oportunidad?
- “Respondiendo entonces Simón, dijo:
Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho
venga sobre mí.” (Hechos 8:24)
Muchos de nuestros hermanos y líderes de
iglesias actuales pensarían que “ahora sí, Simón se ha arrepentido de
verdad.” Alegremente le darían la bienvenida (por segunda vez) como
“hermano”. ¡Y por segunda vez estarían engañados!
Analicemos la reacción de Simón.
Primeramente, Pedro le había dicho: “Ruega a Dios”. Simón no hizo esto.
En lugar de ello, dijo: “Rogad vosotros por mí al Señor…” ¡El no estaba
dispuesto a humillarse ante Dios él mismo! (Aquí vemos a la vez el
principio del sistema católico-romano, donde el creyente no puede
confesar sus pecados directamente a Dios, sino necesita que un
“sacerdote” interceda por él. Pero este sería un tema para otro
estudio…)
Segundo, Pedro le había dicho:
“Arrepiéntete … si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu
corazón”. Esto no es lo que Simón pidió. En lugar de ello, Simón pidió
“que nada de esto venga sobre mí”. En otras palabras, Simón pidió poder
escapar del castigo de Dios, pero sin cambiar su corazón. No deseaba el
perdón y el agrado de Dios; solo quiso salir de su situación incómoda.
El escritor del siglo II, Ireneo, nos relata lo que sucedió más tarde con Simón:
“El entonces … se dedicó con un celo aun
mayor al estudio de las artes mágicas, para que pudiese aun mejor
asombrar y enseñorearse de las multitudes. … Este hombre, entonces, fue
glorificado por los hombres como si fuera un dios; y enseñó que fue él
mismo quien apareció entre los judíos como el Hijo, pero que descendió
en Samaria como el Padre … En una sola palabra, él se presentó a sí
mismo como si fuera el más sublime de los poderes, el Padre sobre todo…”
(Ireneo, “Contra los herejes”, I,23)
De manera tan terrible se desvió el
hombre que parecía “arrepentido” y “convertido” por afuera, pero su
arrepentimiento fue falso. ¡No nos dejemos engañar!
Ahora, no estoy exigiendo que tú y yo
seamos capaces de detectar a todos los falsos convertidos. Por fin,
incluso el gran evangelista Felipe fue engañado en el inicio por Simón.
Pero algo que sí debes hacer, es examinar tu propio arrepentimiento.
¿Fue tu arrepentimiento verdadero? ¿Es tu corazón recto ante Dios?
Dos reyes arrepentidos
Quiero relatar dos ejemplos del Antiguo
Testamento, que aclararán un poco más la diferencia entre el falso y el
verdadero arrepentimiento.
El rey Saúl había desobedecido a Dios.
Entonces el profeta Samuel reprendió a Saúl: “Por cuanto tú desechaste
la palabra del Señor, él también te ha desechado para que no seas rey.”
(1 Sam.15:23)
¿Cómo responde Saúl?
- “Yo he pecado; pues he quebrantado el
mandamiento del Señor y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a
la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado, y vuelve conmigo para
que adore al Señor.” (1 Sam.15:24-25)
Parece que Saúl reconoce su pecado y está
arrepentido. Pero hay un pequeño detalle: Saúl pide perdón a Samuel,
pero no a Dios. Saúl entiende que Samuel está ofendido, porque Samuel
está en ese mismo momento parado delante de él (y probablemente no con
una cara muy amable). Pero al parecer Saúl no entiende que su ofensa
contra Dios es infinitamente más grande que su ofensa contra Samuel.
Samuel, el profeta de Dios, vio muy bien lo que realmente había en el corazón de Saúl:
“Y Samuel respondió a Saúl: No volveré
contigo; porque desechaste la palabra del Señor, y el Señor te ha
desechado para que no seas rey sobre Israel.” (1 Sam.15:26) – Samuel ve
que el arrepentimiento de Saúl es falso, y por eso no lo acepta.
“Y él (Saúl) dijo: Yo he pecado; pero te
ruego que me honres delante de los ancianos de mi pueblo y delante de
Israel, y vuelvas conmigo para que adore al Señor tu Dios.” (1
Sam.15:30)
Ahora sale a la luz el verdadero motivo
de Saúl: “que me honres delante del pueblo”. A Saúl le importaba lo que
la gente pensaba de él; pero no le importaba lo que Dios pensaba. Solo
quería quedar bien ante los hombres.
“El temor al hombre pondrá lazo; mas el
que confía en Jehová será exaltado.” (Prov.29:25). Saúl tenía temor al
hombre, pero no a Dios. Quería recibir honra de los hombres; pero la
honra de Dios no le importaba. Y con este corazón perverso, ¡incluso era
capaz de fingir arrepentimiento!
Después de esto, Samuel hace algo
significativo: Manda traer al rey de Amalec (a quien Saúl había tomado
preso en la guerra), y lo corta en pedazos. Esta había sido la orden de
Dios para Saúl: matar al rey de Amalec. Samuel hace aquí lo que Saúl
debía haber hecho. Si Saúl se hubiera arrepentido de verdad, entonces él
mismo hubiera cumplido la orden – por lo menos después de la reprensión
por Samuel. Que no lo hizo, es otra prueba de que su arrepentimiento no
fue verdadero.
El rey de Amalec personifica el pecado en
nuestra vida. Para nada te sirve confesar “He pecado” y pedir perdón,
mientras dejas vivo a un “rey de Amalec” en tu vida. ¿Cuál es el “rey de
Amalec” en tu vida, el pecado que todavía toleras, y que desde hace
tiempo deberías haber “cortado en pedazos”?
——————————————————————————–
Ahora veremos el caso del rey David.
David también cayó en pecado – y si lo miramos de cerca, un pecado más
grave que el de Saúl: Cometió adulterio con Betsabé, e hizo matar con
astucia al esposo de Betsabé. Sin embargo, Dios perdonó a David,
mientras a Saúl no perdonó. Incluso llama a David “un hombre según el
corazón de Dios”. ¿Cuál fue la diferencia?
En el Salmo 51 tenemos la oración de David, después que fue reprendido por el profeta Natán:
“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
…Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos…
He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo,
Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
…Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.
No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu Santo Espíritu.”
(Salmo 51:1.4.6.10.11)
David se dirige a Dios primero. El está
muy consciente de que la primera persona ofendida por su pecado es Dios
mismo. “Contra ti, contra ti solo he pecado…” Todo lo demás es
secundario.
Después vemos cuál es el anhelo más
profundo en el corazón de David. No es la honra ante el pueblo; ni es
escapar del castigo de Dios. Su anhelo más profundo es “un corazón
limpio y un espíritu recto”. Este es el anhelo de una persona
verdaderamente arrepentida. No importa lo que diga la gente – de hecho,
la gente malinterpretó el comportamiento de David después de su
arrepentimiento, y él quedó muy mal ante ellos. Pero David sabía que
Dios “ama la verdad en lo íntimo”, donde nadie mira. Esto era lo que le
importaba más que cualquier otra cosa.
Alguien ha dicho una vez: “Tu integridad se demuestra en lo que haces cuando nadie te mira.”
Esta es la integridad que demostró David,
y por eso Dios le perdonó. Aunque David también tuvo que sufrir, Dios
no le quitó el reino ni la vida como lo había hecho con Saúl.
Dios busca el arrepentimiento verdadero.
¿De qué clase es tu arrepentimiento? ¿De la clase de Saúl o de la clase
de David? ¿Es un arrepentimiento solo ante los hombres, o un verdadero
arrepentimiento ante Dios quien mira “en lo secreto”?
El arrepentimiento
He aquí, amado lector el arrepentimiento que enseñamos, a saber: morir a la antigua vida pecaminosa y no vivir más de acuerdo a las concupiscencias de la carne, sino hacer lo que David hizo. Cuando fué reprobado por el profeta a causa de su pecado lloró amargamente, clamó a Dios, se apartó del pecado y no volvió a cometerlo nunca más. Pedro pecó gravemente sólo una vez. Mateo, después de su llamamiento no volvió a su antigua vida. Zaqueo y la mujer pecadora no tornaron a hacerse culpables de las obras impuras de tinieblas. Zaqueo hizo restitución de lo que había defraudado y estafado y dio a los pobres y desamparados, la mitad de su bienes. La mujer lloró amargamente y lavó los pies del Señor con sus lágrimas, lo ungió con ungüento precioso y se sentó humildemente a Sus pies a escuchar Su bendita palabra. Estos son los verdaderos frutos del arrepentimiento que es aceptable al Señor. (I:18a).
Este arrepentimiento enseñamos y no otro, a saber: que nadie puede gloriarse de la gracia de Dios y del perdón de sus pecados y de los méritos de Cristo, mientras que los verdaderos frutos del arrepentimiento no se han producido en su vida. No es suficiente que digamos que somos hijos de Abraham, es decir, que llevamos el nombre de Cristianos, sino que debemos hacer las obras de Abraham (Juan 8:39). Tenemos que andar como todo verdadero hijo de Dios es guiado y ordenado por la Palabra de Dios, como dice Juan: "Si nosotros decimos que tenemos comunión con Él, y andamos en tinieblas, mentimos y no hacemos la verdad. Mas si andamos en luz como Él está en luz, tenemos comunión entre nosotros y la sangre de Jesucristo Su Hijo nos limpia de todo pecado". (I Juan 1:6 7). (I:18b).
Pero si quisieras arrepentirte y confesarte sinceramente, y recibir verdadera absolución de Dios, acércate a Él con corazón confiado, penitente, contrito, con alma dolorida y amargada; olvida el pecado, haz lo justo y recto a tu prójimo, ama, ayuda, sirve, reprueba y confórtale como debes. Y si has pecado contra él, o si alguna vez lo has perjudicado en alguna forma, confiésaselo y dale satisfacción. Porque ésta es la verdadera confesión auricular y penitencia enseñadas en la Palabra de Dios. (I:148a).
-Menno Simons
Monday, December 12, 2011
La importancia de orar en familia: (Deut. 6:4-7)
Hay muchas ventajas de orar en familia, y es bien importante porque
de esa manera se educa a nuestros hijos a tomar en cuenta a Dios, a
respetar a Dios, a temer a Dios, a honrar a Dios, a poner por prioridad a
Dios, a conversar con Dios, la lista es interminable de las ventajas e
importancia de orar en familia, lo que en muchos países se conoce como
altar familiar, que es lo mismo: orar juntos. La Biblia nos dice que hay
tiempo para todo y cuando oramos nos referimos a ese tiempo específico
que se dedica a Nuestro Señor Jesús y acercarnos a Él a través de la
oración, para leer la Biblia y pedir juntos como familia por las
bendiciones y peticiones que tengamos, y lo hacemos por el gran amor que
le tenemos: Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno
es. >> Y amaras a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu
alma, y con todas tus fuerzas. (Vers. 4,5)
El orar en familia es un mandato de Dios, al igual que leer su Santa Palabra, es lo que nos ayuda como padres a criar mejor a nuestros hijos, a mantenerlos alejados del mundo que los rodea, aunque sabemos que es Dios quien se encarga de cuidarlos, nosotros solo los instruimos y somos de ejemplo para ellos, el meditar en la Palabra de Dios con nuestros hijos es una responsabilidad perpetua y tenemos que hacerlo al menos 2 veces diarias, si lo hacemos con ellos, los resultados que obtendremos serán gratificantes para nuestra vida y estaremos cumpliendo así con la labor que se nos fue encomendada de parte de Dios: Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. >>Y las repetirás a tus hijos, y hablaras de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. (Vers. 6-7)
El orar en familia es un medio por el cual la palabra de Dios es exaltada en nuestros hogares, y nos ayude a tener más esperanza y confianza en Jesucristo, además debemos tener un mismo sentir al orar juntos, ponernos de acuerdo en las peticiones que hagamos: Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza. >>Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os de entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús. (Rom. 15:4,5)
Otra de la importancia de orar en familia es el hecho de que les enseñamos a nuestros hijos a tomar en cuenta a Dios siempre, a tener temor de Él, a ser agradecidos con Él, y sobre todo a depender totalmente de Dios, y esto les ayuda para llegar a ser sabios al servicio de Dios: Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. (2ª. Tim. 3:15)>> Guardad cuidadosamente los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y sus testimonios y sus estatutos que te ha mandado. >>Y haz lo recto y bueno ante los ojos de Jehová para que te vaya bien, y entres y poseas la buena tierra que Jehová juro a tus padres. (Deut. 6:17-18)
El otro punto bien importante es que el orar en familia; nos mantiene unidos y nos ayuda a encarar juntos los problemas que podemos tener y nos ayuda a fortalecer nuestra relación con Dios, además nos ayuda a fortalecer los lazos familiares, a enriquecer la comunicación con nuestra pareja y los hijos, al igual que ayuda al crecimiento espiritual como grupo familiar, y es el mandato de Dios que instruyamos a nuestros hijos, y a toda la generación, y descendencia en el camino del Señor: Estos pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mando que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para tomarla. >>Para que temas a Jehová tú Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados. (Deut. 6:1-2)
Dios te bendiga hoy y siempre…
Hno. Giovanni Barrera
Lider Ministerio de Seguridad
Tabernaculo Biblico Bautista
El orar en familia es un mandato de Dios, al igual que leer su Santa Palabra, es lo que nos ayuda como padres a criar mejor a nuestros hijos, a mantenerlos alejados del mundo que los rodea, aunque sabemos que es Dios quien se encarga de cuidarlos, nosotros solo los instruimos y somos de ejemplo para ellos, el meditar en la Palabra de Dios con nuestros hijos es una responsabilidad perpetua y tenemos que hacerlo al menos 2 veces diarias, si lo hacemos con ellos, los resultados que obtendremos serán gratificantes para nuestra vida y estaremos cumpliendo así con la labor que se nos fue encomendada de parte de Dios: Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. >>Y las repetirás a tus hijos, y hablaras de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. (Vers. 6-7)
El orar en familia es un medio por el cual la palabra de Dios es exaltada en nuestros hogares, y nos ayude a tener más esperanza y confianza en Jesucristo, además debemos tener un mismo sentir al orar juntos, ponernos de acuerdo en las peticiones que hagamos: Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza. >>Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os de entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús. (Rom. 15:4,5)
Otra de la importancia de orar en familia es el hecho de que les enseñamos a nuestros hijos a tomar en cuenta a Dios siempre, a tener temor de Él, a ser agradecidos con Él, y sobre todo a depender totalmente de Dios, y esto les ayuda para llegar a ser sabios al servicio de Dios: Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. (2ª. Tim. 3:15)>> Guardad cuidadosamente los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y sus testimonios y sus estatutos que te ha mandado. >>Y haz lo recto y bueno ante los ojos de Jehová para que te vaya bien, y entres y poseas la buena tierra que Jehová juro a tus padres. (Deut. 6:17-18)
El otro punto bien importante es que el orar en familia; nos mantiene unidos y nos ayuda a encarar juntos los problemas que podemos tener y nos ayuda a fortalecer nuestra relación con Dios, además nos ayuda a fortalecer los lazos familiares, a enriquecer la comunicación con nuestra pareja y los hijos, al igual que ayuda al crecimiento espiritual como grupo familiar, y es el mandato de Dios que instruyamos a nuestros hijos, y a toda la generación, y descendencia en el camino del Señor: Estos pues, son los mandamientos, estatutos y decretos que Jehová vuestro Dios mando que os enseñase, para que los pongáis por obra en la tierra a la cual pasáis vosotros para tomarla. >>Para que temas a Jehová tú Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados. (Deut. 6:1-2)
Dios te bendiga hoy y siempre…
Hno. Giovanni Barrera
Lider Ministerio de Seguridad
Tabernaculo Biblico Bautista
Wednesday, December 7, 2011
SOBRE LA ORACIÓN
¿Qué significa entrar en la presencia de Dios?
En nuestras iglesias esta frase se usa para referirse a la adoración y a la oración. Muchos no entienden lo que realmente significa porque a menudo carecen de una genuina reverencia a Dios. Al no haber arreglado las cuentas con Dios en la semana, y llega el domingo, apresuradamente se pide perdón en el camino a la iglesia. Al llegar a la puerta ya se está listo para unirnse en oración a los otros creyentes. Se trata a la preciosa sangre de Jesús, como si cubriera temporalmente nuestras inmundicias, para así pecar una y otra vez. En lugar de amar a Jesús, hacemos uso de Él.
Dios no quiere que lo usemos a Él como un seguro de protección contra el infierno. Él quiere una relación, no una religión. Él quiere ser un Padre para nosotros. Él quiere comunión con nosotros.
Entrar en la presencia de Dios es estar en comunión con Dios. Comunión significa intimidad con nuestro Padre celestial por medio de la cual expresamos nuestro amor por Él, descubrimos Su voluntad, y, entonces la hacemos. Es entrar en la mente y el corazón de Dios mismo, para llegar a ser uno con Él y Sus propósitos. En este sentido, acercarse más a Dios no es asunto sencillo.
La llave para entrar
Cuando hablamos de buscar a Dios, debemos hablar de santidad, la cual es crucial porque “sin santidad nadie verá al Señor” (He 12:14). Jesús enfatizó esta verdad: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5:8). Se refieren a ver a Dios en la vida cotidiana, ahora, tener una íntima relación de amor con Él y entrar en Su presencia para conocer Su mente y corazón. Fue durante Su primera enseñanza pública que Jesús dijo que el de corazón puro verá a Dios, (Mt 5). No se estaba refiriendo a nuestra muerte y de ver a Dios en el cielo, sino a las actitudes con las que debemos vivir cada día en esta tierra. Nos estaba diciendo cómo permanecer en unidad con Dios.
¿Qué significa ser de limpio corazón?
Limpio significa santo. Por eso Jesús decía: “Bienaventurados son los de corazón santo, porque ellos verán a Dios”. Santo es “santificar”, “apartar”, “depurar”. Cuando eres puro de corazón, tu mente está puesta en Dios y en Sus caminos. “Porque yo soy Jehová vuestro Dios, vosotros por tanto os santificaréis (pónganse aparte ustedes mismos) y seréis santos, porque yo soy santo” (Lv 11:44). “…Yo soy Jehová que os santifico” (Lv 20:8). (Jn 17:17; Ef 5:26).
La santidad tiene que ver con la separación, con que te sujetes a Dios y no te dejes influenciar por las personas que no se sujetan a Él y que tampoco creen en Su Palabra. En esencia, lo que Dios dice es: Si ustedes son santos, entonces Yo mismo me manifestaré ante ustedes. Si estás convencido de que Él hará lo que le ha prometido, si eres puro en lo que has creído y en lo que haces, entonces verás a Dios manifestado.
La santidad no es una presencia mística y misteriosa, sino práctica y real. Santidad significa integridad. Dios tiene integridad porque lo que Él dice, hace y es, son lo mismo. Dios hace siempre lo que Él dice hará porque Él es uno en Sí mismo. En el Antiguo Testamento si alguien entraba a la presencia de Dios sin estar santificado, moría. Dice el Señor: “Los limpios de corazón me verán” (Mt 5:8). Aquellos que están impuros no pueden ver a Dios. Cuando vamos a Dios en oración, debemos tener la misma integridad entre lo que decimos y lo que Él hace, porque la santidad es decir la verdad y luego vivir la verdad. (Jer 29:13). Si queremos encontrar a Dios, debemos ser claros en nuestros deseos de encontrarlo (Gn 32:24-30).
Si no le buscas a Él con todo tu corazón, mente, pasión y atención, luego si Dios se presenta, significa que Él no está siendo fiel a Su Palabra, porque Él ha dicho que Él solamente vendrá si le buscas con todo tu corazón. Si Dios no fuera fiel a Su Palabra, entonces Él estaría actuando de manera impía. Si no contáramos con que Dios haga lo que Él dice que hará, no podríamos confiar nunca más en Él. Él tiene que ser fiel a Su Palabra, aun sí esto significara no contestar las oraciones que hacemos sin entusiasmo y sin creer.
Si buscas a Dios con todo tu corazón, mente y conciencia, si le buscas con todo lo que hay en ti, Él promete que le encontrarás y te deleitarás de estar en Su presencia.
En nuestras iglesias esta frase se usa para referirse a la adoración y a la oración. Muchos no entienden lo que realmente significa porque a menudo carecen de una genuina reverencia a Dios. Al no haber arreglado las cuentas con Dios en la semana, y llega el domingo, apresuradamente se pide perdón en el camino a la iglesia. Al llegar a la puerta ya se está listo para unirnse en oración a los otros creyentes. Se trata a la preciosa sangre de Jesús, como si cubriera temporalmente nuestras inmundicias, para así pecar una y otra vez. En lugar de amar a Jesús, hacemos uso de Él.
Dios no quiere que lo usemos a Él como un seguro de protección contra el infierno. Él quiere una relación, no una religión. Él quiere ser un Padre para nosotros. Él quiere comunión con nosotros.
Entrar en la presencia de Dios es estar en comunión con Dios. Comunión significa intimidad con nuestro Padre celestial por medio de la cual expresamos nuestro amor por Él, descubrimos Su voluntad, y, entonces la hacemos. Es entrar en la mente y el corazón de Dios mismo, para llegar a ser uno con Él y Sus propósitos. En este sentido, acercarse más a Dios no es asunto sencillo.
La llave para entrar
Cuando hablamos de buscar a Dios, debemos hablar de santidad, la cual es crucial porque “sin santidad nadie verá al Señor” (He 12:14). Jesús enfatizó esta verdad: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5:8). Se refieren a ver a Dios en la vida cotidiana, ahora, tener una íntima relación de amor con Él y entrar en Su presencia para conocer Su mente y corazón. Fue durante Su primera enseñanza pública que Jesús dijo que el de corazón puro verá a Dios, (Mt 5). No se estaba refiriendo a nuestra muerte y de ver a Dios en el cielo, sino a las actitudes con las que debemos vivir cada día en esta tierra. Nos estaba diciendo cómo permanecer en unidad con Dios.
¿Qué significa ser de limpio corazón?
Limpio significa santo. Por eso Jesús decía: “Bienaventurados son los de corazón santo, porque ellos verán a Dios”. Santo es “santificar”, “apartar”, “depurar”. Cuando eres puro de corazón, tu mente está puesta en Dios y en Sus caminos. “Porque yo soy Jehová vuestro Dios, vosotros por tanto os santificaréis (pónganse aparte ustedes mismos) y seréis santos, porque yo soy santo” (Lv 11:44). “…Yo soy Jehová que os santifico” (Lv 20:8). (Jn 17:17; Ef 5:26).
La santidad tiene que ver con la separación, con que te sujetes a Dios y no te dejes influenciar por las personas que no se sujetan a Él y que tampoco creen en Su Palabra. En esencia, lo que Dios dice es: Si ustedes son santos, entonces Yo mismo me manifestaré ante ustedes. Si estás convencido de que Él hará lo que le ha prometido, si eres puro en lo que has creído y en lo que haces, entonces verás a Dios manifestado.
La santidad no es una presencia mística y misteriosa, sino práctica y real. Santidad significa integridad. Dios tiene integridad porque lo que Él dice, hace y es, son lo mismo. Dios hace siempre lo que Él dice hará porque Él es uno en Sí mismo. En el Antiguo Testamento si alguien entraba a la presencia de Dios sin estar santificado, moría. Dice el Señor: “Los limpios de corazón me verán” (Mt 5:8). Aquellos que están impuros no pueden ver a Dios. Cuando vamos a Dios en oración, debemos tener la misma integridad entre lo que decimos y lo que Él hace, porque la santidad es decir la verdad y luego vivir la verdad. (Jer 29:13). Si queremos encontrar a Dios, debemos ser claros en nuestros deseos de encontrarlo (Gn 32:24-30).
Si no le buscas a Él con todo tu corazón, mente, pasión y atención, luego si Dios se presenta, significa que Él no está siendo fiel a Su Palabra, porque Él ha dicho que Él solamente vendrá si le buscas con todo tu corazón. Si Dios no fuera fiel a Su Palabra, entonces Él estaría actuando de manera impía. Si no contáramos con que Dios haga lo que Él dice que hará, no podríamos confiar nunca más en Él. Él tiene que ser fiel a Su Palabra, aun sí esto significara no contestar las oraciones que hacemos sin entusiasmo y sin creer.
Si buscas a Dios con todo tu corazón, mente y conciencia, si le buscas con todo lo que hay en ti, Él promete que le encontrarás y te deleitarás de estar en Su presencia.
Por Watchman Nee
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