Thursday, February 2, 2012

Las pruebas nos hacen crecer (Por John MacArthur )


Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.  
                                                --Santiago 1:2-4


Este pasaje nos presenta otra manera de pensar en las tentaciones que afrontamos. La palabra aquí traducida “pruebas” es la misma palabra traducida “tentación” en 1 Corintios 10:13 (citado anteriormente). Dios no solo nos protege de tentaciones que no podemos soportar; Él también usa esas tentaciones para ayudarnos a madurar. 

A todos nos gustaría poder decir que no nos falta nada, que somos perfectos y estamos completos. Nos gustaría oír al Señor decir que no falta nada en nuestra vida. Pero solo podemos llegar a esa condición a través del dolor. No podemos ser maduros sin cultivar la paciencia y no podemos cultivar la paciencia sin pasar por situaciones difíciles que prueban nuestra fe. Por eso Santiago dice que debe tener por sumo gozo cuando se halle en diversas pruebas, cuando afronte tentaciones y pruebas de su fe. Usted es fortalecido en esas pruebas al desarrollar resistencia espiritual. 

 Si quiere ser físicamente más fuerte, ¿qué hace usted? Se somete a experiencias dolorosas. Va al gimnasio y trabaja y trabaja, ya sea levantando pesas, corriendo en la pista o dedicando tiempo a caminar. Usted hace todo lo que puede por fortalecer su cuerpo, y usted sabe que en esto está implícito el dolor pero usted ha decidido que vale la pena soportar el dolor por la meta que se quiere alcanzar. A fin de fortalecerse, usted tiene que ser capaz de soportar algún dolor y perseverar a pesar de ese dolor. Es fácil comenzar pero es difícil permanecer con él. 

 Lo mismo puede decirse si quiere fortalecerse espiritualmente. Nunca llegará a madurar espiritualmente a menos que desarrolle paciencia y solo puede desarrollar paciencia cuando persevera en la fe a través de experiencias dolorosas. Algunos oran: “Señor, quiero ser fuerte para ti. Quiero ser valiente y audaz. Quiero crecer, llegar a la madurez, a estar completo en mi fe”. Si ora de esa manera, prepárese bien, ya que la respuesta a esa oración va a ser dolorosa. La única manera que Dios puede responder a esa oración es probando su fe llevándolo hasta el límite, empujándolo más allá de su ámbito natural y llevándolo por momentos difíciles. 

Si quiere eso para su vida, si usted desea ser todo lo que Dios quiere que sea para su gloria, entonces usted no solo apretará los dientes y soportará la prueba. La tendrá como motivo de gozo, como dice Santiago. ¿Cómo puede hacer eso? Usted mira más allá de la prueba, más allá del dolor, a sus efectos. Usted mira al propósito de ese tiempo de prueba en su vida, la meta de la madurez espiritual. Ahí está la fuente del gozo. En la medida en que se fortalece, será menos probable que ceda ante la tentación y menos probable que titubee en su fe. ¿No desea eso? Si es así bienvenidas esas pruebas que lo harán más fuerte.


Extraído del libro, El corazón de la Biblia escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.

Aceptación de la salvación de Dios (Por John MacArthur )


“En el corazón de la Biblia”, en algunos de nuestros versículos favoritos, está la verdad de que Dios quiere que aceptemos el don de la salvación. No basta con creer que Dios es soberano sobre todas las cosas. Esa sería una idea atemorizante si también no creyéramos que el deseo del Dios Todopoderoso es salvarnos, no vernos destruidos. No basta con saber lo que ocurrió en la cruz. Es posible saber que Dios pagó un precio por nuestra salvación y aun así rechazar el regalo. La Biblia dice que debemos creer en Aquel que murió por nosotros, aceptando por fe el don de salvación, confesando nuestra fe delante de los demás y rindiéndonos a Cristo como Señor.    
   

 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envío Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

-- ­­Juan 3:16-17 


 Este pudiera ser uno de los primeros versículos que usted haya memorizado. ¡Qué verdad tan maravillosa! Dios quiere que sepamos que hay una manera de escapar de la perdición. A fin de entender la razón de por qué Dios dio a su Hijo, hay que entender la clase de mundo al que lo envío. Era un mundo donde la gente se perdía. Dios no envío a su Hijo para condenar al mundo, ya que el mundo ya estaba condenado. Él envío a su Hijo para salvar a las personas de la perdición. 

             Esa palabra “perderse” salta ante nuestra vista. Quiere decir más que morir físicamente. Tiene la connotación de destrucción eterna y castigo divino; en una palabra, el infierno. Jesús habló más del infierno que del cielo. Él habló acerca de un fuego que nunca se apaga, de un lugar donde el gusano nunca muere, donde las personas crujen los dientes, se lamentan y lloran, donde hay absoluta oscuridad. Eso es lo que quiere decir perderse. 

               Pero de tal manera amó Dios al mundo que envío a su Hijo para que no nos perdiéramos. Podemos tener vida eterna. No es el tipo de vida que tenemos ahora, continuando por siempre. Ninguno de nosotros pudiera soportar eso; sería un tipo de infierno. La vida eterna es un tipo de vida diferente. No es simplemente un cambio en la cantidad de vida, sino en la calidad de vida. Se nos dará el tipo de vida de Dios. Participamos en la dicha de inmortalidad divina, en la mismísima vida que es de Dios mismo. Dios nos da su propia vida que existe eternamente en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Nos rescata de la perdición y nos da vida eterna. 

               ¿Quién recibe esa vida? Todo el que cree en el Hijo unigénito de Dios. Jesús dice que no echará fuera a quienes acuden a Él (Jn. 6:37). Todo el que crea en él será salvo. ¿Qué significa creer el Él? Eso no quiere decir simplemente creer que una persona llamada Jesús vivió una vez en la historia. Quiere decir creer que Jesucristo es quien dijo que era. Creer en Cristo significa creer en el verdadero Jesús:

            El Jesucristo que es Dios encarnado,

            El Jesús que nació de una virgen,

            El Jesús que vivió una vida sin pecado,

            El Jesús que murió una muerte expiatoria en la cruz,

            El Jesucristo que resucitó de los muertos,

            El Jesucristo que ascendió al cielo,

            El Jesucristo que ahora intercede a la diestra del Padre como nuestro gran sumo sacerdote,

            El Jesucristo que ha sido declarado Señor por Dios mismo,

            El Jesucristo que vendrá algún día para reunir a los suyos con Él y establecer su reino eterno.

             Creer en ese Jesucristo es la única manera de escapar de la perdición. Pablo advirtió que otros pudieran venir predicando a otro Cristo (2 Co. 11:4) y que quienes predicaran otro evangelio debían ser malditos (Gá. 1:8). Pero los que creen en el verdadero Jesucristo no son condenados. Se les rescata de la perdición  con el amor de Dios.  
  



Extraído del libro, “El corazón de la Biblia” escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.

Thursday, January 26, 2012

¡Creí que mis sufrimientos se acabarían en cuanto me hiciera cristiano! (Por John MacArthur)

La Palabra de Dios nos provee con dos razones por las cuales los hijos de Dios continúan enfrentando el sufrimiento después de la salvación. 

Primero, aunque somos liberados del dominio del pecado, cristianos aun sufren las consecuencias del pecado. La realidad del sufrimiento perdura en un mundo teñido por el pecado. Aun creyentes experimentan dolor, enfermedad, envejecimiento, y muerte, y a menudo son víctimas de los accidentes o hechos pecaminosos de otros. Esas cosas le suceden a todos, y todas tienen una conexión al pecado.

Pero hay una segunda razón por la cual los creyentes sufren – cada creyente es uno con Cristo. En esa unión, Dios nos dio el privilegio de participar en el mismo sufrimiento que toleró Jesús – sufrió por hacer lo bueno. Considere lo que dijo Pedro:
En la medida en que compartís los padecimientos de Cristo, regocijaos, para que también en la revelación de su gloria os regocijéis con gran alegría. Si sois vituperados por el nombre de Cristo, dichosos sois, pues el Espíritu de gloria y de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, por ellos Él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado (1 Pedro 4:13-14; cp. Romanos 8:18). 

Sufrir por la causa de justicia es parte de una vida normal de un cristiano. Lejos de remover el sufrimiento, nuestra salvación lo garantiza. De hecho, la Escritura dice que debemos esperar tener problemas: “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese” (1 Pedro 4:12). 

Afortunadamente, con la promesa del sufrimiento, Dios nos promete Su presencia y una recompensa duradera. Y por esas bellas verdades, usted puede responder con esperanza – esa es un completo contraste a la perspectiva desesperante de un incrédulo. 

Salmo 34:18 dice: “Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu”. Hebreos 13:5 le recuerda que Dios nunca lo dejará – “No te desampararé, ni te dejaré” (cp. Mateo 28:20). Puede estar seguro que Dios siempre está cerca de usted en el sufrimiento más oscuro así como en los días de mucha bendición. 

El profeta Jeremías escribió, “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias” (Lamentaciones 3:22-23). La compasión de Dios nunca se agota o se envejece; es incesante y se renueva continuamente. No importa qué sufrimiento estés experimentando, esa verdad nunca cambia.
Primera Corintios 10:13 nos promete que “no os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”. Usted puede continuar porque Dios le ha prometido no darle más de lo que puede soportar. Él quiere que usted supere y no permitirá que usted enfrente cualquier tentación que lo aplastará bajo su peso.

Todos los creyentes son imperfectos y necesitan disciplina y entrenamiento de su Padre celestial. Dios fielmente provee a cada uno de sus hijos verdaderos la clase de castigo que produce santidad. Hebreos 12:6 dice, “Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo”. Esa verdad no es única al Nuevo Testamento – Deuteronomio 8:5 dice, “Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga”. 

¿Cómo debes responder al castigo de Dios? Con agradecimiento y sumisión, reconociendo que tu amoroso Padre celestial está obrando en ti. Resuelve a no despreciar o ser desanimado por esa obra (Hebreos 12:5). Dios está podando tu vida para hacerte más efectivo y fructífero. Jesús dijo, “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto” (Juan 15:2). 

Dios conoce lo que necesitas y lo que puedes aguantar, y Él trae pruebas para probar tu fe y demostrarlo a todos los que están alrededor tuyo. Él por su gracia te ha escogido a ti para ser un ejemplo del poder de Su gracia: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9). En un mundo sin esperanza, sin paz, que teme la muerte, y vive en completo vacío, tu perseverancia en medio de las pruebas es un testimonio que Dios esta activamente y gloriosamente haciendo una obra en ti. 

Perseverando en medio del sufrimiento intenso provee un testimonio de una esperanza verdadera a un mundo sin esperanza. No importa la intensidad de la prueba que estés enfrentando, siempre tienes la esperanza del cielo animándote. Como uno que cree en Dios y confía en Su Palabra, estima la verdad que el sufrimiento y la muerte no son dignos de ser comparados a la maravillosa gloria de conocer a Cristo. Pablo afirma esto cuando él escribió: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18).

Entonces, si estás en medio de una prueba, ora que tu condición espiritual sea gloriosamente evidente a todos a tu alrededor al mostrar verdadero gozo en ella (Santiago 1:2-4, 12).

Monday, January 23, 2012

La edificación de familias







La familia es la unidad designada por Dios para pasar el camino de rectitud de una generación a la siguiente (Dt. 6:7, 20-25). Satanás, sin embargo, ataca todo aquello que Dios ha establecido para preservar la rectitud. 


  Satanás ataca las tres fuerzas preservadoras de la sociedad: El gobierno, la iglesia y la familia. Cada vez que Dios ha ordenado un gobierno para castigar a los que hacen el mal y apoyar a los que hacen el bien, Satanás lo asaltará. Siempre que hay una iglesia que exalta a Cristo y proclama la Palabra, Satanás la atacará. Y a él no le gustan las familias que pasan la rectitud divina, por eso procura desintegrarlas. 

  Satanás está usado la sociedad inmoral y lujuriosa en la que vivimos para atacar a la familia. Ha hecho que a la familia le resulte difícil sobrevivir. La iglesia tiene que ayudar a preservar a la familia. Esa es una de nuestras prioridades en la iglesia; enseñamos y discipulazos a los hijos y a los jóvenes. Es inspirador ver a los adultos de la iglesia trabajar con los jóvenes, porque los jóvenes tienen la responsabilidad de preservar lo que aprenden y pasarlo a la siguiente generación. Quiero que nuestros jóvenes conozcan los principios de Dios para el matrimonio y la familia. 

  Cuando los creyentes están llenos de Espíritu de Dios, se someten unos a otros (Ef. 5:21-6:9). En una situación familiar, eso quiere decir que las esposas se someterán a sus esposos, y los esposos se someterán a sus esposas mediante un amor que nutre, valora y purifica. Los hijos se someterán a sus padres y los padres se someterán a las necesidades de sus hijos, no provocándolos a la ira, sino cuidándolos y criándolos en los camino de Cristo. La sumisión brota de vidas llenas del Espíritu Santo. La iglesia tiene que asegurarse de que las familias vivan controladas por el Espíritu de Dios de forma que puedan experimentar la bendición que viene por la sumisión de unos a otros. Si cada uno en la familia pelea por sus propios derechos, entonces se destruye la posibilidad de una relación significativa. 

  Las familias de una iglesia se debieran apoyar unas a otras. Se debieran ayudar y orar unas a otras con sus hijos. ¿Cuál es su reacción cuando ve hijos rebeldes? ¿Ora por ellos? ¿Ayuda usted a otros padres enseñando a sus hijos un comportamiento correcto? Una iglesia debe cuidar de sus familias.


 Extraído del libro, El Plan del Señor Para La Iglesia escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.  

Friday, January 20, 2012

Se hizo pecado por nosotros (Por John MacArthur)







"Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él."  -- 2 Corintios 5:21 


 Este versículo tiene solo quince palabras en el original griego pero esas quince palabras expresan la doctrina de la sustitución como ningún otro versículo en la Biblia. Ese concepto de la sustitución está en el corazón del evangelio. ¿Quién fue el que no conoció pecado? Solo hubo una persona que viviera sin pecado y esa fue Jesús. Dios hizo que Jesucristo, quien nunca pecó, se hiciera pecado por nosotros.

 ¿Qué significa que dios hizo que Cristo se hiciera pecado? 

Algunos enseñan que en realidad Jesucristo se convirtió en un pecador en la cruz y por lo tanto fue castigado en la cruz. Algunos incluso enseñan que Jesús tuvo que ir al infierno durante tres días para pagar por esos pecados y después de pagar por sus pecados, se le permitió que resucitara de los muertos. Nada de eso es verdad. 
 
 En la cruz, Jesucristo tenía que ser el Cordero sin mancha, el sacrificio perfecto. En l cruz seguía siendo sin defecto. Él fue santo en la eternidad antes que fuera humano, luego vivió una vida santa y sigue siendo santo en la eternidad. Para seguir siendo plenamente dios y plenamente humano, Cristo tenía que permanecer santo, sin defecto y separado de los pecadores. ¡Él es el único que no conoció pecado, y basta! No es simplemente uno que no conoció pecado hasta la cruz. 


 Cuando la Biblia dice que Cristo se hizo pecado significa solo en cierto sentido; que Dios lo trató como si fuera un pecador, aunque no lo era. Permítame ser más específico. En la cruz, Dios trató a Jesús como si Él hubiera personalmente cometido cada pecado de cada persona que creería en Él, aunque en realidad no había cometido ninguno. Eso es lo que significa la sustitución. Jesucristo como nuestro substituto, llevando nuestro castigo. Como ya nos mostró Isaías 53, Dios puso el castigo por nuestros pecados sobre Él, aunque Él era el Hijo de Dios sin pecado. 

 El resto del versículo nos dice la razón por la que Cristo fue hecho pecado por nosotros. Lo fue para que pudiéramos ser justicia de Dios en Él. Ese es el otro aspecto de la sustitución. Dios trató a Jesucristo como si fuera un pecador para podernos tratar como si fuéramos justos. 

 ¿Se ha preguntado alguna vez por qué Jesús tenía que venir al mundo y vivir treinta y tres años cuando casi no tenemos información alguna de sus primeros treinta años? ¿Por qué tuvo que molestarse con esos treinta años? Si yo hubiera sido Dios, podría haber dicho: “Hijo, necesito que bajes y mueras por los pecados de todos los que han de creer. Solamente llevará un fin de semana. Bajas el viernes para que seas crucificado, sales del sepulcro el domingo y puedes volver”. Si su único propósito era la muerte y resurrección, ¿para qué los primeros treinta años? 

 He aquí la respuesta: Jesús dijo cuando iba a ser bautizado por Juan que debía cumplir toda justicia. Él estuvo haciendo eso durante toda su vida, llevando una vida plenamente justa. Hebreos 4:15 dice que Él fue tentado en todo como lo somos nosotros pero sin pecado. Fue tentado como niño, como joven y como adulto pero no pecó. 
 
 ¿Por qué tuvo que llevar esa vida sin pecado? Para que su vida sin pecado se acreditara en nuestra cuenta. Esa es la doctrina de la sustitución: Que la vida sin pecado de Jesucristo pudiera dársele a usted, o serle “imputada”. En la cruz, Dios trató  Jesús como si él viviera la vida de usted, de modo que Dios pueda tratarlo a usted como si viviera la vida de Jesucristo. Ese es el meollo del evangelio.




Extracto del folleto “El corazón de la Biblia” escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial “Portavoz".

Wednesday, January 18, 2012

Confianza en el Señor




"Fíate de Jehová de todo corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y El enderezará tus veredas."   -Proverbios 3:5-6
                                                                                              

 Ese mandato en realidad llega hasta lo más profundo de nuestra vida cristiana. ¿Confía plenamente en el Señor? “De todo corazón” significa que usted confía en Él en todo y con todo lo que usted es. ¿Puede confiar en el Señor sin que importe lo que venga, bueno o malo? ¿Puede confiar en Él a pesar de todo el dolor o el sufrimiento que tenga que soportar, a pesar de la prueba que tenga que afrontar? ¿Confiará en Él cuando sus sueños se frustren y se consuman? ¿Confía en el Señor plenamente, sin que importe lo que ocurra?
 
  La alternativa es confiar en usted mismo, apoyarse en su propia comprensión. Podemos escoger confiar en nuestra propia interpretación de los sucesos en lugar de confiar que Dios esta dirigiendo nuestros pasos. Cuando las cosas en su vida parecen estar fuera de control, usted tiene que recordar que Dios lo ama y que en todo Él está obrando para su bien. No debemos entender todo lo que nos ocurre. Debemos aprender a confiar en Dios en vez de confiar en nuestra capacidad para darle sentido a las cosas. 

  Uno de mis libros predilectos de la Biblia es el libro de Job. Él tuvo más problemas que la mayoría de nosotros podamos imaginar. Todos sus hijos murieron cuando estaban adorando a Dios en una de las casas de uno de ellos. Luego perdió todos sus animales, todos sus cultivos, toda su riqueza. Después se enfermó y se sentaba sobre cenizas lamentándose y rascándose las llagas. Lo único que le había quedado era su esposa y no le apoyaba en nada. Ella le dijo que maldijera a Dios y muriera. 

  Job tenía algunos amigos que fueron a verlo, y durante la primera semana solamente se quedaron callados sin decir una sola palabra. Solamente lloraron con Job y se compadecieron de él. Eso fue sabio y bueno. Pero después de siete días los amigos abrieron su boca y toda su sabiduría desapareció. Llegaron a conclusiones ridículas con relación a su dura situación y responsabilizaron de ello al pecado de Job. Ellos pensaban que estaban siendo espirituales y de gran ayuda. Tenían su propia comprensión de los acontecimientos y estaban completamente equivocados. 

  Finalmente Job mismo le preguntó a Dios: “¿Cómo voy a entender esto?” Mi corazón es recto. Soy un hombre íntegro. No puedo hallar pecado alguno en mi vida. No tengo idea de por qué me está pasando todo esto”. Job no sabía que Dios estaba promoviendo que Satanás probara su fe, para demostrar que la fe salvadora no puede ser destruida por la tragedia. Job le pidió a Dios que le explicara por qué estaba sufriendo. La respuesta de Dios fue: “No, no te lo voy a explicar. ¿Por qué debiera explicarte algo? ¿Qué te hace pensar que pudieras entender?” Dios le reveló a Job su poder creador y su grandeza infinita.

 Al final Job sencillamente dijo: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto…me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:5-6). Estaba diciendo, en realidad: Siento mucho haberte cuestionado. Solo voy a confiar en ti. En respuesta a esa confianza, Dios volvió a dar a Job una familia y mayores bendiciones de las que había conocido antes. 

 Usted no puede descansar en su propia interpretación de las cosas que suceden en su vida. Usted solo puede descansar en el Señor. Confíe en Él con todo su corazón. Reconózcalo en todo momento. Él abrirá un camino que usted nunca había esperado. Esa es su promesa.


 Extraído del libro, El plan del Señor para la iglesia escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.


Monday, January 16, 2012

Cómo ser salvo (Por John MacArthur)






Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.
-- Romanos 10: 9-10

Esta parte crucial de la Biblia expresa las dos cosas que usted debe hacer para ser salvo. ¿Cuál pudiera ser más importante?
Lo primero que debe hacer es confesar con su boca a Jesucristo como Señor. Eso significa más que reconocer que Jesús es el Señor, más que decir que Jesucristo es Dios. Después de todo, Santiago 2:19 dice que hasta los demonios saben que Dios es el soberano del universo pero ese conocimiento no los salva. 
Confesar a Jesucristo como Señor quiere decir que Cristo es su Señor, su Soberano. Hacer esa confesión significa expresar en voz alta delante de los demás su profunda convicción personal, sin reservas, de que Jesucristo es su dueño y el soberano de su vida. 
Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo” (Lc. 9:23). Esa es una afirmación asombrosa, considerando el modo en que las personas piensan acerca de la función de Jesucristo en su vida hoy, El evangelio no es acerca de la satisfacción de sí mismo, como muchos suponen. Es acerca de la abnegación. Nadie puede confesar a Jesucristo como Señor y decir: “Muy bien, Jesucristo, voy a dejarte entrar en mi vida y quiero que me hagas una persona de éxito y mejores mi matrimonio y reduzcas mi falta de habilidad en el golf”. El evangelio no es acerca de Jesucristo que viene a su vida y le da lo que usted desea. Es acerca de ir usted ante Jesucristo y decirle: “Dios, ten misericordia de mí, pecador. Sálvame”. Es decir: “Jesucristo, te reconozco como mi Soberano, Maestro y Señor. Me aparto de mis propios deseos y mi propia necesidad de controlar mi vida. Me someto a todo lo que quiera para mí”. 
El joven rico no haría eso (Lc. 18:18-27). Jesús le dijo que hiciera una cosa: Vende todo lo que tienes y dalo a los pobres y luego sígueme. Usted no se salva por deshacerse de su dinero. Lo que Jesús quería era probar el compromiso del hombre con Jesús como su Señor. Él le pudo haber pedido que hiciera centenares de cosas distintas pero Jesús escogió algo que él sabía que probaría su disposición a negarse así mismo. El joven rico no pudo someterse al gobierno de Cristo sobre él. No pudo confesar de esa manera que Jesucristo era el Señor de su vida. Se fue triste y sin la salvación. 
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Lo segundo que debe hacer para ser salvo es creer en su corazón que Dios resucitó a Jesucristo de los muertos. Creer en la resurrección quiere decir que usted también cree que Jesucristo murió en la cruz y resucitó de los muertos como la señal de que en realidad es el Mesías, levantado finalmente a la más elevada posición para gobernar con el Padre. Dios el Padre puso el sello de aprobación divina sobre la perfecta obra de Jesucristo, su vida sin pecado y su muerte expiatoria, cuando lo resucitó de los muertos. La resurrección fue la validación suprema de su ministerio y de su identidad. 
Usted será salvo solo cuando haya reconocido a Jesucristo como su Señor y haya creído que su muerte en la cruz fue el sacrificio eficaz por su pecado, validado por su gloriosa resurrección. Usted cree con su corazón y es justificado ante Dios; usted confiesa con su boca y confirma esa realidad. 
 




Extraído del libro, El corazón de la Biblia escrito por el Pastor John MacArthur.